domingo, 25 de julio de 2021

Lectura25/07/2021

 XVII Domingo Ordinario

Lectura I

  2 Reyes 4: 42-44  

En aquellos días, llegó de Baal-Salisá un hombre que traía para el siervo de Dios, Eliseo, como primicias, veinte panes de cebada y grano tierno en espiga.

Entonces Eliseo dijo a su criado: "Dáselos a la gente para que coman". Pero él le respondió: "¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?"

Eliseo insistió: "Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: 'Comerán todos y sobrará' ".

El criado repartió los panes a la gente; todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor. 

 Salmo Responsorial

  Del Salmo 144  

R. (cf. 16) Bendeciré al Señor eternamente. 

Que te alaben, Señor, todas tus obras 

y que todos tus fieles te bendigan. 

Que proclamen la gloria de tu reino 

y den a conocer tus maravillas. R. 

R. Bendeciré al Señor eternamente. 

A ti, Señor, sus ojos vuelven todos 

y tú los alimentas a su tiempo. 

Abres, Señor, tus manos generosas 

y cuantos viven quedan satisfechos. R. 

R. Bendeciré al Señor eternamente. 

Siempre es justo el Señor en sus designios 

y están llenas de amor todas sus obras. 

No está lejos de aquellos que lo buscan; 

muy cerca está el Señor de quien lo invoca. R. 

R. Bendeciré al Señor eternamente.


 Lectura II

  Ef 4, 1-6  

Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz.

Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos. 


 Aclamación antes del Evangelio

  Lc 7, 16  

R. Aleluya, aleluya. 

Un gran profeta ha surgido entre nosotros. 

Dios ha visitado a su pueblo. 

R. Aleluya.


 Evangelio

  Jn 6, 1-15  

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: "Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo. 






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