sábado, 25 de diciembre de 2021

Lectura25/12/2021

La Natividad del Señor (Navidad)
   
Misa de medianoche

Primera Lectura
  Is 9, 1-3. 5-6  

El pueblo que caminaba en tinieblas 
vio una gran luz; 
sobre los que vivían en tierra de sombras, 
una luz resplandeció.
Engrandeciste a tu pueblo 
e hiciste grande su alegría. 
Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, 
como se alegran al repartirse el botín. 
Porque tú quebrantaste su pesado yugo, 
la barra que oprimía sus hombros y el cetro de su tirano, 
como en el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; 
lleva sobre sus hombros el signo del imperio y su nombre será: 
"Consejero admirable", "Dios poderoso", 
"Padre sempiterno", "Príncipe de la paz"; 
para extender el principado con una paz sin límites 
sobre el trono de David y sobre su reino; 
para establecerlo y consolidarlo 
con la justicia y el derecho, desde ahora y para siempre. 
El celo del Señor lo realizará. 

Salmo Responsorial
  Sal 95, 1-2a. 2b-3. 11-12. 13  

R. (Lc 2, 11) Hoy nos ha nacido el Salvador. 
Cantemos al Señor un canto nuevo, 
que le cante al Señor toda la tierra; 
cantemos al Señor y bendigámoslo. 
R. Hoy nos ha nacido el Salvador. 
Proclamemos su amor día tras día, 
su grandeza anunciemos a los pueblos; 
de nación, sus maravillas. 
R. Hoy nos ha nacido el Salvador. 
Alégrense los cielos y la tierra, 
retumbe el mar y el mundo submarino. 
Salten de gozo el campo y cuanto encierra, 
manifiesten los bosques regocijo. 
R. Hoy nos ha nacido el Salvador. 
Regocíjese todo ante el Señor, 
porque ya viene a gobernar el orbe. 
Justicia y rectitud serán las normas 
con las que rija a todas las naciones. 
R. Hoy nos ha nacido el Salvador.

 Segunda Lectura
  Tt 2, 11-14  

Querido hermano: La gracia de Dios se ha manifestado para salvar a todos los hombres y nos ha enseñado a renunciar a la irreligiosidad y a los deseos mundanos, para que vivamos, ya desde ahora, de una manera sobria, justa y fiel a Dios, en espera de la gloriosa venida del gran Dios y Salvador, Cristo Jesús, nuestra esperanza. Él se entregó por nosotros para redimirnos de todo pecado y purificarnos, a fin de convertirnos en pueblo suyo, fervorosamente entregado a practicar el bien. Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya. 
Les anuncio una gran alegría: 
Hoy nos ha nacido el Salvador, 
que es Cristo, el Señor. 
R. Aleluya.

 Evangelio
  Lc 2, 1-14  

Por aquellos días, se promulgó un edicto de César Augusto, que ordenaba un censo de todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno en su propia ciudad; así es que también José, perteneciente a la casa y familia de David, se dirigió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, llamada Belén, para empadronarse, juntamente con María, su esposa, que estaba encinta.
Mientras estaban ahí, le llegó a María el tiempo de dar a luz y tuvo a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no hubo lugar para ellos en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, vigilando por turno sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció y la gloria de Dios los envolvió con su luz y se llenaron de temor. El ángel les dijo: "No teman. Les traigo una buena noticia, que causará gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán al niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre".
De pronto se le unió al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!"
La Natividad del Señor (Navidad)
   
Misa del día
Primera Lectura
  Is 52, 7-10  

¡Qué hermoso es ver correr sobre los montes 
al mensajero que anuncia la paz, 
al mensajero que trae la buena nueva, 
que pregona la salvación, 
que dice a Sión: "Tu Dios es rey"!
Escucha: Tus centinelas alzan la voz 
y todos a una gritan alborozados, 
porque ven con sus propios ojos al Señor, 
que retorna a Sión.
Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, 
porque el Señor rescata a su pueblo, consuela a Jerusalén. 
Descubre el Señor su santo brazo 
a la vista de todas las naciones. 
Verá la tierra entera 
la salvación que viene de nuestro Dios. 

Salmo Responsorial
  Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6.  

R. (3cd) Toda la tierra ha visto al Salvador. 
Cantemos al Señor un canto nuevo, 
pues ha hecho maravillas. 
Su diestra y su santo brazo 
le han dado la victoria. 
R. Toda la tierra ha visto al Salvador. 
El Señor ha dado a conocer su victoria, 
y ha revelado a las naciones su justicia. 
Una vez más ha demostrado Dios 
su amor y su lealtad hacia Israel. 
R. Toda la tierra ha visto al Salvador. 
La tierra entera ha contemplado 
la victoria de nuestro Dios. 
Que todos los pueblos y naciones 
aclamen con júbilo al Señor. 
R. Toda la tierra ha visto al Salvador. 
Cantemos al Señor al son del arpa, 
suenen los instrumentos. 
Aclamemos al son de los clarines 
al Señor, nuestro rey. 
R. Toda la tierra ha visto al Salvador. 

Segunda Lectura
  Hb 1, 1-6  

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual hizo el universo.
El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa. Él mismo, después de efectuar la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad de Dios, en las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más excelso es el nombre que, como herencia, le corresponde.
Porque ¿a cuál de los ángeles le dijo Dios: Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy? ¿O de qué ángel dijo Dios: Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo? Además, en otro pasaje, cuando introduce en el mundo a su primogénito, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios.

 Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya. 
Un día sagrado ha brillado para nosotros. 
Vengan naciones, y adoren al Señor, 
porque hoy ha descendido una gran luz sobre la tierra. 
R. Aleluya.

 Evangelio
  Jn 1, 1-18 o 1, 1-5. 9-14  

En el principio ya existía aquel que es la Palabra, 
y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. 
Ya en el principio él estaba con Dios. 
Todas las cosas vinieron a la existencia por él 
y sin él nada empezó de cuanto existe. 
Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres. 
La luz brilla en las tinieblas 
y las tinieblas no la recibieron.
Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. 
Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, 
para que todos creyeran por medio de él. 
Él no era la luz, sino testigo de la luz.
Aquel que es la Palabra era la luz verdadera, 
que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. 
En el mundo estaba; 
el mundo había sido hecho por él 
y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron; 
pero a todos los que lo recibieron 
les concedió poder llegar a ser hijos de Dios, 
a los que creen en su nombre, 
los cuales no nacieron de la sangre, 
ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre, 
sino que nacieron de Dios.
Y aquel que es la Palabra se hizo hombre 
y habitó entre nosotros. 
Hemos visto su gloria, 
gloria que le corresponde como a unigénito del Padre, 
lleno de gracia y de verdad.
Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando: 
"A éste me refería cuando dije: 
'El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, 
porque ya existía antes que yo' ".
De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia. 
Porque la ley fue dada por medio de Moisés, 
mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo. 
A Dios nadie lo ha visto jamás. 
El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, 
es quien lo ha revelado.

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