miércoles, 15 de septiembre de 2021

Lectura15/09/2021

Memoria de Nuestra Señora de los Dolores
Lectura I
  1 Tm 3, 14-16  

Querido hermano: Te escribo estas cosas con la esperanza de ir a verte pronto. Pero si tardo en llegar, quiero que sepas desde ahora cómo debes de actuar en la casa del Dios vivo, que es la Iglesia, columna y fundamento de la verdad.
Realmente es grande el misterio del amor de Dios, que se nos ha manifestado en Cristo, hecho hombre, 
santificado por el Espíritu, 
contemplado por los ángeles, 
anunciado a todas las naciones, 
aceptado en el mundo mediante la fe 
y elevado a la gloria.

 Salmo Responsorial
  Del Salmo 110  

R. (2a) Alabemos a Dios de todo corazón.  
Quiero alabar a Dios, de corazón, 
en las reuniones de los justos. 
Grandiosas son las obras del Señor 
y para todo fiel, dignas de estudio. 
R. Alabemos a Dios de todo corazón. 
De majestad y gloria hablan sus obras 
y su justicia dura para siempre. 
Ha hecho inolvidables sus prodigios. 
El Señor es piadoso y es clemente. 
R. Alabemos a Dios de todo corazón. 
Acordándose siempre de su alianza, 
él le da de comer al que lo teme. 
Al darle por herencia a las naciones, 
hizo ver a su pueblo sus poderes. 
R. Alabemos a Dios de todo corazón.

 Sequencia

  (Optional)  

La Madre piadosa estaba 
junto a la cruz, y lloraba 
mientras el Hijo pendía; 
cuya alma triste y llorosa, 
traspasada y dolorosa, 
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y afligida 
estaba la Madre herida, 
de tantos tormentos llena, 
cuando triste contemplaba 
y dolorosa miraba 
del Hijo amado la pena!
¿Y cuál hombre no llorara 
si a la Madre contemplara 
de Cristo en tanto dolor? 
¿Y quién no se entristeciera, 
Madre piadosa, si os viera 
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo, 
vio a Jesús en tan profundo 
tormento la dulce Madre. 
Vio morir al Hijo amado 
que rindió desamparado 
el espíritu a su Padre.
¡Oh dulce fuente de amor!, 
hazme sentir tu dolor 
para que llore contigo. 
Y que, por mi Cristo amado, 
mi corazón abrasado 
más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarlo me anime, 
en mi corazón imprime 
las llagas que tuvo en sí. 
Y de tu Hijo, Señora, 
divide conmigo ahora 
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar 
y de veras lastimar 
de sus penas mientras vivo; 
porque acompañar deseo 
en la cruz, donde lo veo, 
tu corazón compasivo.
¡Virgen de vírgenes santas!, 
llore ya con ansias tantas 
que el llanto dulce me sea; 
porque su pasión y muerte 
tenga en mi alma de suerte 
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore 
y que en ella viva y more 
de mi fe y amor indicio; 
porque me inflame y encienda 
y contigo me defienda 
en el día del juicio.
Haz que me ampare la muerte 
de Cristo, cuando en tan fuerte 
trance vida y alma estén; 
porque, cuando quede en calma 
el cuerpo, vaya mi alma 
a su eterna gloria. Amén. 

Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya. 
Dichosa la Virgen María, 
que sin morir, mereció la palma del martirio 
junto a la cruz del Señor. 
R. Aleluya.

 Evangelio
  Jn 19, 25-27  

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. 
Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí está tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí está tu madre". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

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