jueves, 25 de marzo de 2021

Lectura25/03/2021

 Solemnidad de la Anunciación del Señor

Primera Lectura

  Is 7, 10-14  


En aquellos tiempos, el Señor le habló a Ajaz diciendo: "Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo, en lo profundo o de arriba, en lo alto". Contestó Ajaz: "No la pediré. No tentaré al Señor".

Entonces dijo Isaías: "Oye, pues, casa de David: ¿No satisfechos con cansar a los hombres, quieren cansar también a mi Dios? Pues bien, el Señor mismo les dará por eso una señal: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros". 


Salmo Responsorial

Salmo 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11 

R. (8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

Sacrificios, Señor, tú no quisiste, 

abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. 

No exigiste holocaustos por la culpa, 

así que dije: "Aquí estoy". 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

En tus libros se me ordena 

Hacer tu voluntad; 

esto es, Señor, lo que deseo: 

tu ley en medio de mi corazón 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

He anunciado tu justicia 

en la gran asamblea; 

no he cerrado mis labios, 

tú lo sabes, Señor. 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

No callé tu justicia, 

antes bien, proclamé tu lealtad y tu auxilio. 

Tu amor y tu lealtad no los he ocultado
 

a la gran asamblea. 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 


Segunda Lectura

  Heb 10, 4-10  


Hermanos: Es imposible que la sangre de toros y machos cabríos pueda borrar los pecados. Por eso, al entrar al mundo, Cristo dijo conforme al salmo: No quisiste víctimas ni ofrendas; en cambio me has dado un cuerpo. No te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado; entonces dije -porque a mí se refiere la Escritura-: "Aquí estoy, Dios mío; vengo para cumplir tu voluntad".

Comienza por decir: No quisiste víctimas ni ofrendas, no te agradaron los holocaustos ni los sacrificios por el pecado -siendo así que es lo que pedía la ley-; y luego añade: Aquí estoy, Dios mío; vengo para cumplir tu voluntad.

Con esto, Cristo suprime los antiguos sacrificios, para establecer el nuevo. Y en virtud de esta voluntad, todos quedamos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez por todas. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 1, 14  


R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. 

Aquel que es la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros 

y hemos visto su gloria. 

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. 


Evangelio

  Lc 1, 26-38  


En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin".

María le dijo entonces al ángel: "¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios". María contestó: "Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho". Y el ángel se retiró de su presencia.







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