jueves, 29 de abril de 2021

Lectur30/04/2021

 Viernes de la IV semana de Pascua

  Primera Lectura

  Hch 13, 26-33  

En aquellos días, Pablo continuó su predicación en la sinagoga de Antioquía de Pisidia con estas palabras:

"Hermanos míos, descendientes de Abraham, y cuantos temen a Dios: Este mensaje de salvación les ha sido enviado a ustedes. Los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús, y al condenarlo, cumplieron las palabras de los profetas que se leen cada sábado: no hallaron en Jesús nada que mereciera la muerte, y sin embargo, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y después de cumplir todo lo que de él estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en el sepulcro.

Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y él, ya resucitado, se apareció durante muchos días a los que lo habían seguido de Galilea a Jerusalén. Ellos son ahora sus testigos ante el pueblo.

Nosotros les damos la buena nueva de que la promesa hecha a nuestros padres nos la ha cumplido Dios a nosotros, los hijos, resucitando a Jesús, como está escrito en el salmo segundo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy''. 


Salmo Responsorial

  Salmo 2, 6-7. 8-9. 10-11  


R. (7) Jesucristo es el rey de las naciones. 

Aleluya. 

El Señor me ha consagrado 

como rey de Sión, su ciudad santa. 

Anunciaré el decreto del Señor 

He aquí lo que me dijo: 

R. Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya. 

"Hijo mío eres tú, yo te engendrado hoy. 

Te daré en herencia las naciones, 

y como propiedad, toda la tierra. 

Podrás gobernarlas con cetro de hierro, 

y despedazarlas como jarros". 

R. Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya. 

Escuchen y comprendan estas cosas, 

reyes y gobernantes de la tierra. 

Adoren al Señor con reverencia, 

sírvanlo con temor. 

R. Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 14, 6  

R. Aleluya, aleluya. 

Yo soy el camino, la verdad y la vida; 

nadie va al Padre si no es por mí, dice el Señor. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Jn 14, 1-6  

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy".

Entonces Tomás le dijo: "Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" Jesús le respondió: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí".



Lectura29/04/2021

 Memoria de Santa Catalina de Siena, Virgen y Doctora de la Iglesia

  Primera Lectura

  Hch 13, 13-25  


En aquellos días, Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos; llegaron a Perge de Panfilia, y allí Juan Marcos los dejó y volvió a Jerusalén. Desde Perge siguieron hasta Antioquía de Pisidia, y el sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron decir: "Hermanos, si tienen alguna exhortación que hacer al pueblo, hablen".

Entonces se levantó Pablo, y haciendo señal de silencio con la mano, les dijo:

"Israelitas y cuantos temen a Dios, escuchen: El Dios del pueblo de Israel eligió a nuestros padres, engrandeció al pueblo cuando éste vivía como forastero en Egipto y lo sacó de allí con todo su poder, lo alimentó en el desierto durante cuarenta años, aniquiló siete tribus del país de Canaán y dio el territorio de ellas en posesión a Israel por cuatrocientos cincuenta años. Posteriormente les dio jueces, hasta el tiempo del profeta Samuel.

Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, que reinó cuarenta años. Después destituyó a Saúl y les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de Jesé, hombre según mi corazón, quien realizará todos mis designios.

Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador, Jesús. Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de, y hacia el final de su vida, Juan decía: 'Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias' ". 


Salmo Responsorial

Salmo 88, 2-3. 21-22. 25 y 27  

R. (cf 2a) Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya. 

Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor 

y daré a conocer que su fidelidad es eterna, 

pues el Señor ha dicho: "Mi amor es para siempre 

y mi lealtad, más firme que los cielos. 

R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya. 

He encontrado a David, mi servidor, 

y con mi aceite santo lo he ungido. 

Lo sostendrá mi mano 

y le dará mi brazo fortaleza. 

R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya. 

Contará con mi amor y mi lealtad 

y su poder aumentará en mi nombre. 

El me podrá decir: Tú eres mi padre, 

el Dios que me protege y que me salva'". 

R. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Cfr Apoc 1, 5  


R. Aleluya, aleluya. 

Señor Jesús, testigo fiel, primogénito de entre los muertos, 

tu amor por nosotros es tan grande, 

que has lavado nuestras culpas con tu sangre. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 13, 16-20  


En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:

"Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.

No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.

Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado".



miércoles, 28 de abril de 2021

Lectura28/04/2021

 Miércoles de la IV Semana de Pascua

Primera Lectura

  Hch 12, 24-13, 5  

En aquel tiempo, la palabra del Señor cundía y se propagaba. Cumplida su misión en Jerusalén, Saulo y Bernabé regresaron a Antioquía, llevando consigo a Juan Marcos.

Había en la comunidad cristiana de Antioquía algunos profetas y maestros, como Bernabé, Simón (apodado el "Negro"), Lucio el de Cirene, Manahén (que se crió junto con el tetrarca Herodes) y Saulo. Un día estaban ellos ayunando y dando culto al Señor, y el Espíritu Santo les dijo: "Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la misión que les tengo destinada". Todos volvieron a ayunar y a orar; después les impusieron las manos y los despidieron.

Así, enviados por el Espíritu Santo, Saulo y Bernabé fueron a Seleucia y zarparon para Chipre. Al llegar a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. 


Salmo Responsorial

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8  

R. (4) Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya. 

Ten piedad de nosotros y bendícenos; 

vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. 

Que conozca la tierra tu bondad 

y los pueblos tu obra salvadora. 

R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya. 

Las naciones con júbilo te canten, 

porque juzgas al mundo con justicia; 

con equidad tú juzgas a los pueblos 

y riges en la tierra a las naciones. 

R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya

Que te alaben, Señor, todos los pueblos, 

que los pueblos te aclamen todos juntos. 

Que nos bendiga Dios 

y que le rinda honor el mundo entero. 

R. Que te alaben, Señor, todos los pueblos. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 8, 12  

R. Aleluya, aleluya. 

Yo soy la luz del mundo, dice el Señor; 

el que me sigue tendrá la luz de la vida. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 12, 44-50  

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho''.




lunes, 26 de abril de 2021

Lectura27/04/2021

 Martes de la IV semana de Pascua

  Primera Lectura

  Hch 11, 19-26  


En aquellos días, algunos de los que se habían dispersado, huyendo de la persecución desatada después de la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía; pero predicaban el Evangelio solamente a los judíos. Sin embargo, hubo entre ellos algunos chipriotas y cirenenses, que al llegar a Antioquía, comenzaron a dirigirse también a los griegos y a predicarles el Evangelio del Señor Jesús. Y como la mano del Señor estaba con ellos, muchos se convirtieron y abrazaron la fe.

Cuando llegaron estas noticias a la comunidad cristiana de Jerusalén, Bernabé fue enviado a Antioquía. Llegó Bernabé, y viendo la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho; y como era hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe, exhortó a todos a que, firmes en su propósito, permanecieran fieles al Señor. Así se ganó para el Señor una gran muchedumbre.

Entonces Bernabé partió hacia Tarso, en busca de Saulo; y cuando lo encontró, lo llevó consigo a Antioquía. Ambos vivieron durante todo un año en esa comunidad y enseñaron a mucha gente. Allí, en Antioquía, fue donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de "cristianos". 


Salmo Responsorial

  Salmo 86, 1-3. 4-5. 6-7  

R. (Sal 116, 1a) Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya. 

Jerusalén gloriosa, 

el Señor ha puesto en ti su templo. 

Tú eres más querida para Dios 

que todos los santuarios de Israel. R. 

R. Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya. 

De ti, Jerusalén, ciudad del Señor, 

se dirán maravillas. 

Egipto y Babilonia adorarán al Señor; 

Serán como tus hijos. R. 

R. Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya. 

Y de ti, Jerusalén, afirmarán: 

"Todos los pueblos han nacido en ti 

y el Altísimo es su fortaleza". R. 

R. Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya. 

El Señor registrará en el libro de la vida 

a cada pueblo, convertido en ciudadano tuyo; 

y todos los pueblos te cantarán, Bailando: 

"Tú eres la fuente de nuestra salvación". R. 

R. Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

Jn 10, 27  

. Aleluya, aleluya. 

Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; 

yo las conozco y ellas me siguen. 

R. Aleluya. 


Evangelio

Jn 10, 22-30  


Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón. Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: "¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente".

Jesús les respondió: "Ya se lo he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno".



Lectura26/04/2021

 Lunes de la IV semana de Pascua

  Primera Lectura

  Hch 11, 1-18  

En aquellos días, los apóstoles y los hermanos que vivían en Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro regresó a Jerusalén, los circuncidados le hicieron reproches, diciendo: "Has entrado en la casa de unos incircuncisos y has comido con ellos".

Entonces Pedro les contó desde el principio lo que le había pasado: "Estaba yo en la ciudad de Jafa, en oración, cuando tuve una visión y vi algo semejante a un gran mantel, que sostenido por las cuatro puntas, bajaba del cielo hasta donde yo me encontraba. Miré con atención aquella cosa y descubrí que había en ella toda clase de cuadrúpedos, fieras, reptiles y aves. Oí luego una voz que me decía: 'Levántate, Pedro. Mata el animal que quieras y come'. Pero yo le respondí: 'Ni pensarlo, Señor. Jamás he comido nada profano o impuro'. La voz del cielo me habló de nuevo: 'No tengas tú por impuro lo que Dios ha hecho puro'. Esto se repitió tres veces y luego todo fue recogido hacia el cielo.

En aquel instante, se presentaron en la casa donde yo estaba tres hombres, que venían de Cesarea, con un recado para mí. El Espíritu me dijo entonces que me fuera con ellos sin dudar. También fueron conmigo estos seis hermanos y todos entramos en casa de aquel hombre. Él nos 

contó cómo había visto de pie, ante él, a un ángel que le dijo: 'Manda a buscar en Jafa a Simón, llamado Pedro. Lo que él te diga, te traerá la salvación a ti y a toda tu familia'. En cuanto empecé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, como había descendido al principio sobre nosotros. Entonces me acordé de lo que había dicho el Señor: 'Juan bautizó con agua; pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo'. Por lo tanto, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesús, ¿quién soy yo para oponerme a Dios?"

Con esto se apaciguaron y alabaron a Dios, diciendo: "Por lo visto, también a los paganos les ha concedido Dios la conversión que lleva a la vida". 


Salmo Responsorial

  Salmos 41, 2-3; 42, 3. 4  


R. (cf 41, 3a) Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya. 

Como el venado busca 

el agua de los ríos, 

así, cansada, mi alma 

te busca a ti, Dios mío. 

R. Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya. 

Del Dios que da la vida 

está mi ser sediento. 

¿Cuándo será posible 

ver de nuevo su templo? 

R. Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya. 

Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; 

que ellas se conviertan en mi guía 

y hasta tu monte santo me conduzcan, 

allí donde tú habitas. 

R. Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya. 

Al altar del Señor me acercaré, 

al Dios que es mi alegría, 

y a mi Dios, el Señor, le daré gracias 

al compás de la citara. 

R. Estoy sediento del Dios que de la vida. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 10, 14  


R. Aleluya, aleluya. 

Yo soy el buen pastor, dice el Señor; 

yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 10, 1-10  

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños".

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia''.




domingo, 25 de abril de 2021

Lectura25/04/2021

 IV Domingo de pascua

Primera Lectura

  Hch 4, 8-12  


En aquellos días, Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos, puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningún otro puede salvarnos, pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como salvador nuestro". 


Salmo Responsorial

  Salmo 117, 1 y 8-9. 21-23. 26 y 28cd y 29  


R. (22) La piedra que desecharon los constructores 

es ahora la piedra angular. Aleluya. 

Te damos gracias, Señor, porque es bueno, 

porque tu misericordia es eterna. 

Más vale refugiarse en el Señor 

que poner en los hombres la confianza; 

más vale refugiarse en el Señor 

que buscar con los fuertes una alianza. R. 

R. La piedra que desecharon los constructores 

es ahora la piedra angular. Aleluya. 

Te doy gracias pues me escuchaste 

y fuiste para mí la salvación. 

La piedra que desecharon los 

constructores 

es ahora la piedra angular. 

Esto es obra de la mano del Señor 

Es un milagro patente. R. 

R. La piedra que desecharon los constructores 

es ahora la piedra angular. Aleluya. 

Bendito el que viene en nombre del Señor. 

Que Dios desde su templo nos bendiga. 

Tú eres mi Dios, te doy gracias. 

Tú eres mi Dios, y yo te alabo. 

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, 

Porque tu misericordia es eterna. R. 

R. La piedra que desecharon los constructores 

es ahora la piedra angular. Aleluya. 


Segunda Lectura

  1 Jn 3, 1-2  


Queridos hijos: Miren cuánto amor nos ha tenido el Padre, pues no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a él.

Hermanos míos, ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado cómo seremos al fin. Y ya sabemos que, cuando él se manifieste, vamos a ser semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 10, 14  


R. Aleluya, aleluya. 

Yo soy el buen pastor, dice el Señor; 

yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. 

R.  Aleluya. 


Evangelio

  Jn 10, 11-18  


En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.

El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Éste es el mandato que he recibido de mi Padre''.



sábado, 24 de abril de 2021

Lectura24/04/2021

 Sábado de la III Semana de Pascua

  Primera Lectura

  Hch 9, 31-42  


En aquellos días, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Espíritu Santo.

Pedro recorría toda la región y una vez fue a visitar a los fieles que vivían en Lida. Ahí encontró a un hombre, llamado Eneas, que tenía ya ocho años de estar en cama, paralítico. Pedro le dijo: "Eneas, Jesucristo te da la salud. Levántate y tiende tu cama". Eneas se levantó inmediatamente; y todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarón que lo vieron, se convirtieron al Señor.

Había en Jafa, entre los discípulos, una mujer llamada Tabitá (que significa "gacela"), la cual hacía infinidad de obras buenas y repartía limosnas. En aquellos días cayó enferma y murió. Lavaron su cadáver y lo tendieron en una habitación del segundo piso. Como Lida está cerca de Jafa, los discípulos, sabiendo que Pedro estaba allá, enviaron dos hombres para suplicarle que fuera a Jafa sin tardar. Pedro fue con ellos. Tan pronto como llegó, lo condujeron a la habitación del segundo piso. Allí lo rodearon todas las viudas, llorando y mostrándole las túnicas y los vestidos que Tabitá les había hecho, cuando aún vivía.

Pedro mandó salir a todos, se postró de rodillas y se puso a orar; luego, dirigiéndose a la muerta, dijo: "Tabitá, levántate". Ella abrió los ojos y al ver a Pedro, se incorporó. Él la tomó de la mano y la levantó; llamó a los fieles y a las viudas y se la entregó viva. Esto se supo por toda Jafa y muchos creyeron en el Señor. 


Salmo Responsorial

  Salmo 115, 12-13. 14-15. 16-17  

R. (12) ¿Cómo le pagaré al Señor 

todo el bien que me ha hecho? Aleluya. 

¿Cómo le pagaré al Señor 

todo el bien que me ha hecho? 

Levantaré el cáliz de salvación 

e invocaré el nombre del Señor. 

R. ¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Aleluya. 

Cumpliré mis promesas al Señor 

ante todo su pueblo. 

A los ojos de Dios es muy penoso 

que mueran sus amigos. 

R. ¿Cómo le pagaré al Señor 

todo el bien que me ha hecho? Aleluya. 

De la muerte, Señor, me has librado, 

a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava. 

Te ofreceré con gratitud un sacrificio 

e invocaré tu nombre. 

R. ¿Cómo le pagaré al Señor 

todo el bien que me ha hecho? Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Cfr Jn 6, 63. 68  


R. Aleluya, aleluya. 

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. 

Tú tienes palabras de vida eterna. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 6, 60-69  


En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús dijeron al oír sus palabras: "Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?"

Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen". (En efecto, Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También ustedes quieren dejarme?" Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios".



jueves, 22 de abril de 2021

Lectura23/04/2021

 Viernes de la III semana de Pascua

Primera Lectura

Hch 9, 1-20

En aquellos días, Saulo, amenazando todavía de muerte a los discípulos del Señor, fue a ver al sumo sacerdote y le pidió, para las sinagogas de Damasco, cartas que lo autorizaran para traer presos a Jerusalén a todos aquellos hombres y mujeres seguidores del Camino.

Pero sucedió que, cuando se aproximaba a Damasco, una luz del cielo lo envolvió de repente con su resplandor. Cayó por tierra y oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" Preguntó él: "¿Quién eres, Señor?" La respuesta fue: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate. Entra en la ciudad y allí se te dirá lo que tienes que hacer".

Los hombres que lo acompañaban en el viaje se habían detenido, mudos de asombro, pues oyeron la voz, pero no vieron a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía abiertos los ojos, no podía ver. Lo llevaron de la mano hasta Damasco y allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.

Había en Damasco un discípulo que se llamaba Ananías, a quien se le apareció el Señor y le dijo: "Ananías". Él respondió: "Aquí estoy, Señor". El Señor le dijo: "Ve a la calle principal y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso, llamado Saulo, que está orando". Saulo tuvo también la visión de un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para que recobrara la vista.

Ananías contestó: "Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus fieles en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para poner presos a todos los que invocan tu nombre". Pero el Señor le dijo: "No importa. Tú ve allá, porque yo lo he escogido como instrumento, para que me dé a conocer a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel. Yo le mostraré cuánto tendrá que padecer por mi causa".

Ananías fue allá, entró en la casa, le impuso las manos a Saulo y le dijo: "Saulo, hermano, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino, me envía para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo". Al instante, algo como escamas se le desprendió de los ojos y recobró la vista. Se levantó y lo bautizaron. Luego comió y recuperó las fuerzas. Se quedó unos días con los discípulos en Damasco y se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús era el Hijo de Dios. 


Salmo Responsorial

  Salmo 116, 1. 2  


R. (Mc 16, 15) Que aclamen al Señor todos los pueblos. Aleluya. 

Que alaben al Señor, todas las naciones, 

que lo aclamen todos los pueblos. 

R. Que aclamen al Señor todos los pueblos. Aleluya. 

Porque grande es su amor hacia nosotros 

y su fidelidad dura por siempre. 

R. Que aclamen al Señor todos los pueblos. Aleluya. 

Aclamación antes del Evangelio

  Jn 6, 56  


R. Aleluya, aleluya. 

El que come mi carne y bebe mi sangre, 

permanece en mí y yo en él, dice el Señor. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 6, 52-59  

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre''.

Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.




Lectura22/04/2021

 Jueves de la III semana de Pascua

  Primera Lectura

  Hch 8, 26-40  

En aquellos días, un ángel del Señor le dijo a Felipe: "Levántate y toma el camino del sur, que va de Jerusalén a Gaza y que es poco transitado". Felipe se puso en camino. Y sucedió que un etíope, alto funcionario de Candaces, reina de Etiopía, y administrador de sus tesoros, que había venido a Jerusalén para adorar a Dios, regresaba en su carro, leyendo al profeta Isaías.

Entonces el Espíritu le dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a ese carro". Corrió Felipe, y oyendo que el hombre leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Entiendes lo que estás leyendo?" Él le contestó: "¿Cómo voy a entenderlo, si nadie me lo explica?" Entonces invitó a Felipe a subir y a sentarse junto a él.

El pasaje de la Escritura que estaba leyendo, era éste: Como oveja fue llevado a la muerte; como cordero que no se queja frente al que lo trasquila, así él no abrió la boca. En su humillación no se le hizo justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, puesto que su vida ha sido arrancada de la tierra?

El etíope le preguntó a Felipe: "Dime, por favor: ¿De quién dice esto el profeta, de sí mismo o de otro?" Felipe comenzó a hablarle y partiendo de aquel pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. Siguieron adelante, llegaron a un sitio donde había 

agua y dijo el etíope: "Aquí hay agua. ¿Hay alguna dificultad para que me bautices?" Felipe le contestó: "Ninguna, si crees de todo corazón". Respondió el etíope: "Creo que Jesús es el Hijo de Dios". Mandó parar el carro, bajaron los dos al agua y Felipe lo bautizó.

Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope ya no lo vio más y prosiguió su viaje, lleno de alegría. En cuanto a Felipe, se encontró en la ciudad de Azoto y evangelizaba los poblados que encontraba a su paso, hasta que llegó a Cesarea. 


Salmo Responsorial

  Salmo 65, 8-9. 16-17. 20  


R. (1) Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya. 

Naciones, bendigan a nuestro Dios, 

hagan resonar sus alabanzas, 

porque él nos ha devuelto la vida 

y no dejó que tropezaran nuestros pies. 

R. Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya. 

Cuantos temen a Dios, vengan y escuchen, 

y les diré lo que ha hecho por mí; 

a él dirigí mis oraciones 

y mi lengua le cantó alabanzas. 

R. Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya. 

Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica 

ni me retiró su gracia. 

R. Tu salvación, Señor, es para todos. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 6, 51  


R. Aleluya, aleluya. 

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, dice el Señor; 

el que coma de este pan vivirá para siempre. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 6, 44-51  


En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".



miércoles, 21 de abril de 2021

Lectura21/04/2021

 Miércoles de la III Semana de Pascua

Primera Lectura

  Hch 8, 1-8  


El mismo día de la muerte de Esteban, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén, y todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y por Samaria.

Unos hombres piadosos sepultaron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Entre tanto, Saulo hacía estragos en la Iglesia: entraba en las casas para llevarse a hombres y mujeres y meterlos en la cárcel.

Los que se habían dispersado, al pasar de un lugar a otro, iban difundiendo el Evangelio. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba ahí a Cristo. La multitud escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los milagros que hacía y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos, lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados quedaban curados. Esto despertó gran alegría en aquella ciudad. 


Salmo Responsorial

  Salmo 65, 1-3a. 4-5. 6-7a  


R. (1)  Los obras del Señor son admirables. Aleluya. 

Que aclame al Señor toda la tierra. 

Celebremos su gloria y su poder, 

cantemos un himno de alabanza, 

digamos al Señor: "Tu obra es admirable". R. 

R. Los obras del Señor son admirables. 

Aleluya

Que se postre ante ti la tierra entera, 

y celebre con cánticos tu nombre. 

Admiremos las obras del Señor, 

los prodigios que ha hecho por los hombres. R. 

R. Los obras del Señor son admirables. Aleluya. 

El transformó el mar Rojo en tierra firme 

y los hizo cruzar el Jordán a pie enjuto. 

Llenémonos por eso de gozo y gratitud: 

el Señor es eterno y poderoso. R. 

R. Los obras del Señor son admirables. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Cfr Jn 6, 40  


R. Aleluya, aleluya. 

El que cree en mí tiene vida eterna, dice el Señor, 

y yo lo resucitaré en el último día. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 6, 35-40  


En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero como ya les he dicho: me han visto y no creen. Todo aquel que me da el Padre viene hacia mí; y al que viene a mí yo no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Y la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día''.


martes, 20 de abril de 2021

Lectura20/04/2021

 Martes de la III semana de Pascua

Primera Lectura

Hch 7, 51-8, 1  

En aquellos días, habló Esteban ante el sanedrín, diciendo: "Hombres de cabeza dura, cerrados de corazón y de oídos. Ustedes resisten siempre al Espíritu Santo; ustedes son iguales a sus padres. ¿A qué profeta no persiguieron sus padres? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, al que ahora ustedes han traicionado y dado muerte. Recibieron la ley por medio de los ángeles y no la han observado". 

Al oír estas cosas, los miembros del sanedrín se enfurecieron y rechinaban los dientes de rabia contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios, y dijo: "Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios".

Entonces los miembros del sanedrín gritaron con fuerza, se taparon los oídos y todos a una se precipitaron sobre él. Lo sacaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearlo. Los falsos testigos depositaron sus mantos a los pies de un joven, llamado Saulo.

Mientras lo apedreaban, Esteban repetía esta oración: "Señor Jesús, recibe mi espíritu". Después se puso de rodillas y dijo con fuerte voz: "Señor, no les tomes en cuenta este pecado". Diciendo esto, se durmió en el Señor. Y Saulo estuvo de

acuerdo en que mataran a Esteban. 


Salmo Responsorial

  Salmo 30, 3cd-4. 6ab y 7b y 8a. 17 y 21ab  


R. (6a) En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya. 

Sé tú, Señor, mi fortaleza y mi refugio, 

la muralla que me salve. 

Tú, que eres mi fortaleza y mi defensa, 

por tu nombre, dirígeme y guíame. 

R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya. 

En tus manos encomiendo mi espíritu 

y tú, mi Dios leal, me librarás. 

En ti, Señor, deposito mi confianza 

y tu misericordia llenará de alegría. 

R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya. 

Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo 

y sálvame, por tu misericordia; 

cuídame, Señor, y escóndeme junto a ti, 

lejos de las intrigas de los hombres. 

R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 6, 35  

R. Aleluya, aleluya. 

Yo soy el pan de la vida, dice el Señor; 

el que viene a mí no tendrá hambre. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 6, 30-35  


En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".

Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".

Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed".




lunes, 19 de abril de 2021

Lectura19/04/2021

 Lunes de la III semana de Pascua

Primera Lectura

Hch 6, 8-15  


En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y signos entre la gente.

Algunos judíos de la sinagoga llamada "de los Libertos", procedentes de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no podían refutar la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.

Entonces sobornaron a algunos hombres para que dijeran: "Nosotros hemos oído a este hombre blasfemar contra Moisés y contra Dios".

Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; cayeron sobre Esteban, se apoderaron de él por sorpresa y lo llevaron ante el sanedrín. Allí presentaron testigos falsos, que dijeron: "Este hombre no deja de hablar contra el lugar santo del templo y contra la ley. Lo hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret va a destruir el lugar santo y a cambiar las tradiciones que recibimos de Moisés".

Los miembros del sanedrín miraron a Esteban y su rostro les pareció tan imponente como el de un ángel. 


Salmo Responsorial

  Salmo 118, 23-24. 26-27. 29-30  


R. (1b) Dichoso el que cumple en la 

voluntad del Señor. Aleluya. 

Aunque los poderosos se burlen de mí, 

yo seguiré observando fielmente tu ley. 

Tus mandamientos, Señor, son mi alegría; 

ellos son también mis consejeros. 

R. Dichoso el que cumple en la voluntad del Señor. Aleluya. 

Te conté mis necesidades y me escuchaste; 

enséñame, Señor, tu voluntad. 

Dame nueva luz para conocer tu ley 

y para meditar las maravillas de tu amor. 

R. Dichoso el que cumple en la voluntad del Señor. Aleluya. 

Apártame de los caminos falsos, 

y dame la gracia de cumplir tu voluntad. 

He escogido el camino de la lealtad 

a tu voluntad y a tus mandamientos. 

R. Dichoso el que cumple en la voluntad del Señor. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Mt 4, 4  


R. Aleluya, aleluya. 

No sólo de pan vive el hombre, 

sino también de toda palabra 

que sale de la boca de Dios. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 6, 22-29  


Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste acá?" Jesús les contestó: "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello".

Ellos le dijeron: "¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?" Respondió Jesús: "La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado".




domingo, 18 de abril de 2021

Lectura18/04/2021

 III Domingo de Pascua

Primera Lectura

  Hch 3, 13-15. 17-19  


En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron a Pilato, y a quien rechazaron en su presencia, cuando él ya había decidido ponerlo en libertad. Rechazaron al santo, al justo, y pidieron el indulto de un asesino; han dado muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y de ello nosotros somos testigos.

Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes han obrado por ignorancia, de la misma manera que sus jefes; pero Dios cumplió así lo que había predicho por boca de los profetas: que su Mesías tenía que padecer. Por lo tanto, arrepiéntanse y conviértanse, para que se les perdonen sus pecados". 


Salmo Responsorial

  Salmo 4, 2. 7. 9  


R. (7a) En ti, señor, confío. Aleluya. 

Tú que conoces lo justo de mi causa, 

Señor, responde a mi clamor. 

Tú que me has sacado con bien de mis angustias, 

apiádate y escucha mi oración. R. 

R. En ti, señor, confío. Aleluya. 

Admirable en bondad 

ha sido el Señor para conmigo, 

y siempre que lo invoco me ha escuchado; 

por eso en él confío. R. 

R. En ti, señor, confío. Aleluya. 

En paz, Señor, me acuesto 

y duermo en paz, 

pues solo tú, Señor, 

eres mi tranquilidad. R. 

R. En ti, señor, confío. Aleluya. 


Segunda Lectura

  1 Jn 2, 1-5a  


Hijitos míos: Les escribo esto para que no pequen. Pero, si alguien peca, tenemos como intercesor ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Porque él se ofreció como víctima de expiación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero.

En esto tenemos una prueba de que conocemos a Dios, en que cumplimos sus mandamientos. El que dice: "Yo lo conozco", pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado a su plenitud, y precisamente en esto conocemos que estamos unidos a él. 


Aclamación antes del Evangelio

  Cf. Lc 24, 32  


R. Aleluya, aleluya. 

Señor Jesús, haz que comprendamos la Sagrada Escritura. 

Enciende nuestro corazón mientras nos hablas. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Lc 24, 35-48  


Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: "No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo". Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen aquí algo de comer?" Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: "Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos".

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: "Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto".




sábado, 17 de abril de 2021

Lectura17/04/2021

Sábado de la II semana de Pascua

Primera Lectura

  Hch 6, 1-7  


En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.

Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: "No es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra".

Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos.

Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de los discípulos. Incluso un grupo numeroso de sacerdotes había aceptado la fe. 


Salmo Responsorial

  Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19  

R. (22) El Señor cuida de aquellos que lo 

temen. Aleluya. 

Que los justos aclamen al Señor; 

es proprio de los justos alabarlo. 

Demos gracias a Dios, al son del arpa, 

que la lira acompañe nuestros cantos. 

R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya. 

Sincera es la palabra del Señor 

y todas sus acciones son leales. 

El ama la justicia y el derecho, 

la tierra llena está de sus bondades. 

R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya. 

Cuida el Señor de aquellos que lo temen 

y en su bondad confían; 

los salva de la muerte 

y en épocas de hambre les da vida. 

R. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya. 

Ha resucitado Cristo, el Señor, que creó el mundo, 

y que ha salvado a los hombres por su misericordia. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 6, 16-21  


Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: "Soy yo, no tengan miedo". Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.



viernes, 16 de abril de 2021

Lectura16/04/2021

 Viernes de la II semana de Pascua

Primera Lectura

  Hch 5, 34-42  

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley respetado por todo el pueblo, se levantó en el sanedrín, mandó que hicieran salir por un momento a los apóstoles y dijo a la asamblea:

"Israelitas, piensen bien lo que van a hacer con esos hombres. No hace mucho surgió un tal Teudas, que pretendía ser un caudillo, y reunió unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a sus secuaces y todo quedó en nada. Más tarde, en la época del censo, se levantó Judas el Galileo y muchos lo siguieron. Pero también Judas pereció y se desbandaron todos sus seguidores. En el caso presente, yo les aconsejo que no se metan con esos hombres; suéltenlos. Porque si lo que se proponen y están haciendo es de origen humano, se acabará por sí mismo. Pero si es cosa de Dios, no podrán ustedes deshacerlo. No se expongan a luchar contra Dios".

Los demás siguieron su consejo: mandaron traer a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Ellos se retiraron del sanedrín, felices de haber padecido aquellos ultrajes por el nombre de Jesús.

Y todos los días enseñaban sin cesar y anunciaban el Evangelio de Cristo Jesús, tanto en el templo como en las casas. 


Salmo Responsorial

  Salmo 26, 1. 4. 13-14  


R. (cf 4ab) El Señor es mi luz y mi salvación. Aleluya. 

El Señor es mi luz y mi salvación, 

¿a quién voy a tenerle miedo? 

El Señor es la defensa de mi vida, 

¿quién podrá hacerme temblar? 

R. El Señor es mi luz y mi salvación. Aleluya. 

Lo único que pido. Lo único que busco, 

Es vivir en la casa del Señor toda mi vida, 

para disfrutar las bondades del Señor, 

y estar continuamente en su presencia. 

R. El Señor es mi luz y mi salvación. Aleluya. 

La bondad del Señor espero ver 

en esta misma vida. 

Armate de valor y fortaleza 

y en el Señor confía. 

R. El Señor es mi luz y mi salvación. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Mt 4, 4  


R. Aleluya, aleluya. 

No sólo de pan vive el hombre, 

sino también de toda palabra 

que sale de la boca de Dios. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Jn 6, 1-15  

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: "Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.





jueves, 15 de abril de 2021

Lectura15/04/2021

 Jueves de la II semana de Pascua

  Primera Lectura

  Hch 5, 27-33  

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles ante el sanedrín, y el sumo sacerdote los reprendió, diciéndoles: "Les hemos prohibido enseñar en nombre de ese Jesús; sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas y quieren hacernos responsables de la sangre de ese hombre".

Pedro y los otros apóstoles replicaron: "Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz. La mano de Dios lo exaltó y lo ha hecho jefe y Salvador, para dar a Israel la gracia de la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que lo obedecen".

Esta respuesta los exasperó y decidieron matarlos. 


Salmo Responsorial

  Salmo 33, 2 y 9. 17-18. 19-20  


R. (7a) Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya. 

Bendeciré al Señor a todas horas; 

no cesará mi boca de alabarlo. 

Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. 

Dichoso el hombre que se refugia en él. 

R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya.

En contra del malvado está el Señor 

para borrar de la tierra su recuerdo; 

escucha, en cambio, al hombre justo 

y lo libra de todas sus angustias. 

R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya. 

El Señor no está lejos de sus fieles 

y levanta a las almas abatidas. 

Muchas tribulaciones pasa el justo, 

pero de todas ellas Dios lo libra. 

R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 20, 29  


R. Aleluya, aleluya. 

Tomás, tú crees porque me has visto. 

Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Jn 3, 31-36  


"El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá r porque la cólera divina perdura en contra de él''.

 



miércoles, 14 de abril de 2021

Lectura14/04/2021

 Miércoles de la II semana de Pascua

Primera Lectura

  Hch 5, 17-26  

En aquellos días, el sumo sacerdote y los de su partido, que eran los saduceos, llenos de ira contra los apóstoles, los mandaron aprehender y los metieron en la cárcel. Pero durante la noche, un ángel del Señor les abrió las puertas, los sacó de ahí y les dijo: "Vayan al templo y pónganse a enseñar al pueblo todo lo referente a esta nueva vida". Para obedecer la orden, se fueron de madrugada al templo y ahí se pusieron a enseñar.

Cuando llegó el sumo sacerdote con los de su partido convocaron al sanedrín, es decir, a todo el senado de los hijos de Israel, y mandaron traer de la cárcel a los presos. Al llegar los guardias a la cárcel, no los hallaron y regresaron a informar: "Encontramos la cárcel bien cerrada y a los centinelas en sus puestos, pero al abrir no encontramos a nadie adentro".

Al oír estas palabras, el jefe de la guardia del templo y los sumos sacerdotes se quedaron sin saber qué pensar; pero en ese momento llegó uno y les dijo: "Los hombres que habían metido en la cárcel están en el templo, enseñando al pueblo".

Entonces el jefe de la guardia, con sus hombres, trajo a los apóstoles, pero sin violencia, porque temían ser apedreados por el pueblo. 


Salmo Responsorial

  Salmo 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9  


R. (7a) Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya. 

Bendeciré al Señor a todas horas, 

no cesará mi boca de alabarlo. 

Yo me siento orgulloso del Señor, 

que se alegre su pueblo al escucharlo. 

R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya. 

Proclamemos la grandeza del Señor 

y alabemos todos juntos su poder. 

Cuando acudí al Señor, me hizo caso 

y me libró de todos mis temores. 

R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya. 

Confía en el Señor y saltarás de gusto, 

jamás te sentirás decepcionado, 

porque el Señor escucha el clamor de los pobres 

y los libra de todas sus angustias. 

R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya. 

Junto a aquellos que temen al Señor 

el ángel del Señor acampa y los protege. 

Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. 

Dichoso el hombre que se refugia en él. 

R. Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor, Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 3, 16  


R. Aleluya, aleluya. 

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, 

para que todo el que crea en él tenga vida eterna. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 3, 16-21  


"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios''.



lunes, 12 de abril de 2021

Lectura13/04/2021

 Martes de la II semana de Pascua

Primera Lectura

  Hch 4, 32-37  

La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.

Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

José, levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que significa hábil para exhortar), tenía un campo; lo vendió y puso el dinero a disposición de los apóstoles. 


Salmo Responsorial

  Salmo 92, 1ab. 1c-2. 5  


R. (1a)  El Señor es un rey magnífico. Aleluya. 

Tú eres, Señor, el rey de todos los reyes. 

Estás revestido de poder y majestad. 

Tú mantienes el orbe y no vacila. 

Eres eterno, y para siempre está firme tu trono R. 

R.  El Señor es un rey magnífico. Aleluya. 

Muy dignas de confianza son tus leyes 

y desde hoy y para siempre, Señor, 

la santidad adorna tu templo.

R.   El Señor es un rey magnífico. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Cfr Jn 3, 15  


R. Aleluya, aleluya. 

El Hijo del hombre debe ser levantado en la cruz, 

para que los que creen en él tengan vida eterna. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 3, 7-15  

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: "No te extrañes de que te haya dicho: 'Tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu". Nicodemo le preguntó entonces: "¿Cómo puede ser esto?"

Jesús le respondió: "Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna".



Lectura12/4/2021

 Lunes de la II semana de Pascua

  Primera Lectura

  Hch 4, 23-31  

En aquellos días, tan pronto como Pedro y Juan quedaron en libertad, volvieron a donde estaban sus compañeros y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. Al oír esto, todos juntos clamaron a Dios, diciendo:

"Señor, tú has creado el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contiene; por medio del Espíritu Santo y por boca de tu siervo David, nuestro padre, dijiste: ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen planes torpes? Se sublevaron los reyes de la tierra y los príncipes se aliaron contra el Señor y contra su Mesías.

Esto fue lo que sucedió, cuando en esta ciudad se aliaron Herodes y Poncio Pilato con los paganos y el pueblo de Israel, contra tu santo siervo Jesús, tu ungido, para que así se cumpliera lo que tu poder y tu providencia habían determinado que sucediera.

Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu palabra con toda valentía. Extiende tu mano para realizar curaciones, señales y prodigios en el nombre de tu santo siervo, Jesús''.

Al terminar la oración tembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el Espíritu Santo y comenzaron a anunciar la palabra de Dios con valentía. 


Salmo Responsorial

  Salmo 2, 1-3. 4-6. 7-9  


R. (cf 12d) Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya. 

¿Por qué se amotinan las naciones, 

y los pueblos hacen planes torpes? 

Se sublevan los reyes de la tierra 

y los príncipes se alían contra el Señor 

y contra su Mesías, diciendo: 

"Rompamos sus cadenas, sacudamos sus ataduras". 

R. Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya. 

El que vive en el cielo sonríe; 

desde lo alto, el Señor se ríe de ellos. 

Después les hable con ira 

y los espanta con su cólera: 

"Yo mismo lo he constituido como rey 

en Sión, mi monte santo". 

R. Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya. 

Anunciaré el decreto del Señor. 

He aquí lo que me dijo: 

"Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy. 

Te daré en herencia las naciones, 

y como propiedad toda la tierra. 

Podrás gobernarlas con cetro de hierro, 

y despedazarlas como jarros". 

R. Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya. 

Aclamación antes del Evangelio

  Col 3, 1  


R. Aleluya, aleluya. 

Si han resucitado con Cristo, busquen las cosas del cielo, 

donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 3, 1-8  

Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces, si Dios no está con él".

Jesús le contestó: "Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios". Nicodemo le preguntó: "¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?"

Le respondió Jesús: "Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: 'Tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu".



domingo, 11 de abril de 2021

Lectura11/4/2021

 Segundo Domingo de Pascua

Domingo de la Divina Misericordia

Primera Lectura

  Hch 4, 32-35  


La multitud de los que habían creído tenía un solo corazón y una sola alma; todo lo poseían en común y nadie consideraba suyo nada de lo que tenía.

Con grandes muestras de poder, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús y todos gozaban de gran estimación entre el pueblo. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían terrenos o casas, los vendían, llevaban el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, y luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. 


Salmo Responsorial

  Salmo 117, 2-4. 16ab-15. 22-24  


R. (1) La misericordia del Señor es eterna. Aleluya. 

Diga la casa de Israel: "Su misericordia es eterna". 

Diga la casa de Aarón: "Su misericordia es eterna". 

Digan los que temen al Señor: "Su misericordia es eterna". R. 

R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya. 

La diestra del Señor es poderosa, 

la diestra del Señor es nuestro orgullo. 

No moriré, continuaré viviendo 

para contar lo que el Señor ha hecho. 

Me castigó, me castigó el Señor, 

pero no me abandonó a la muerte. R. 

R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya. 

La piedra que desecharon los constructores, 

es ahora la piedra angular. 

Esto es obra de la mano del Señor, 

es un milagro patente. 

Este es el día de triunfo del Señor: 

día de júbilo y de gozo. R. 

R. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya


Segunda Lectura

  1 Jn 5, 1-6  


Queridos hermanos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios; todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.

Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. 


Aclamación antes del Evangelio

  Jn 20, 29  


R. Aleluya, aleluya. 

Tomás, tú crees porque me has visto. 

Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 20, 19-31  


Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!" Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto".

Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.




sábado, 10 de abril de 2021

Lectura10/4/2021

 Sábado de la octava de Pascua

  Primera Lectura

Hch 4, 13-21  


En aquellos días, los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas, se quedaron sorprendidos al ver el aplomo con que Pedro y Juan hablaban, pues sabían que eran hombres del pueblo sin ninguna instrucción. Ya los habían reconocido como pertenecientes al grupo que andaba con Jesús, pero no se atrevían a refutarlos, porque ahí estaba de pie, entre ellos, el hombre paralítico que había sido curado.

Por consiguiente, les mandaron que salieran del sanedrín, y ellos comenzaron a deliberar entre sí: "¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Han hecho un milagro evidente, que todo Jerusalén conoce y que no podemos negar; pero a fin de que todo esto no se divulgue más entre el pueblo, hay que prohibirles con amenazas hablar en nombre de Jesús".

Entonces mandaron llamar a Pedro y a Juan y les ordenaron que por ningún motivo hablaran ni enseñaran en nombre de Jesús. Ellos replicaron: "Digan ustedes mismos si es justo delante de Dios obedecerlos a ustedes antes que a Dios. Nosotros no podemos dejar de contar lo que hemos visto y oído".

Los miembros del sanedrín repitieron las amenazas y los soltaron, porque no encontraron la manera de castigarlos, ya que el pueblo entero glorificaba a Dios por lo sucedido. 


Salmo Responsorial

Salmo 117, 1 y 14-15. 16ab-18. 19-21  

R. (21a) La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya. 

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, 

porque tu misericordia es eterna. 

El Señor es mi fuerza y mi alegría; 

en el Señor es mi salvación. 

Escuchemos el canto de victoria 

que sale de la casa de los justos. 

R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya. 

"La diestra del Señor es poderosa, 

la diestra del Señor es nuestro orgullo". 

No moriré, continuaré viviendo 

para contar lo que Señor ha hecho. 

Me castigó, me castigó el Señor, 

pero no me abandonó a la muerte. 

R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya. 

Ábranme las puertas del templo, 

que quiere entra a dar gracias a Dios. 

Esta es la puerta del Señor 

y por ella entrarán los que le viven fieles. 

Te doy gracias, Señor, pues me escuchaste 

y fuiste para mí la salvación. 

R. La diestra del Señor ha hecho maravillas. Aleluya. 

Aclamación antes del Evangelio

  Sal 117, 24  


R. Aleluya, aleluya. 

Éste es el día del triunfo del Señor, 

día de júbilo y de gozo. 

R. Aleluya. 


Evangelio

Mc 16, 9-15  


Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura".



viernes, 9 de abril de 2021

Lectura09/4/2021

 Viernes de la octava de Pascua

Primera Lectura

  Hch 4, 1-12  

En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, se presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados porque los apóstoles enseñaban al pueblo y anunciaban la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Los aprehendieron, y como ya era tarde, los encerraron en la cárcel hasta el día siguiente. Pero ya muchos de los que habían escuchado sus palabras, unos cinco mil hombres, habían abrazado la fe.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, el sumo sacerdote Anás, Caifás, Juan, Alejandro y cuantos pertenecían a las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer ante ellos a Pedro y a Juan y les preguntaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién han hecho todo esto?"

Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos, puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningún otro puede salvarnos, porque no hay bajo el cielo otro 

nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos". 


Salmo Responsorial

  Salmo 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a  

R. (22) La piedra que desecharon los constructoreses ahora la piedra angular. Aleluya. 

Te damos gracias, Señor, porque eres bueno, 

porque tu misericordia es eterna. 

Diga la casa de Israel: 

"Su misericordia es eterna". 

Digan los que temen al Señor: 

"Su misericordia es eterna". 

R. La piedra que desecharon los constructores 

es ahora la piedra angular. Aleluya. 

La piedra que desecharon los constructores, 

es ahora la piedra angular. 

Esto es obra de la mano del Señor, 

es un milagro patente. 

Este es el día del triunfo del Señor: 

día de júbilo y de gozo. 

R. La piedra que desecharon los constructores 

es ahora la piedra angular. Aleluya. 

Libéranos, Señor, y danos tu victoria. 

Bendito el que viene en el nombre del Señor. 

Que Dios desde su templo nos bendiga. 

Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine. 

R. La piedra que desecharon los constructores 

es ahora la piedra angular. Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Sal 117, 24  


R. Aleluya, aleluya. 

Éste es el día del triunfo del Señor, 

día de júbilo y de gozo. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 21, 1-14  


En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "También nosotros vamos contigo". Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: "Muchachos, ¿han pescado algo?" Ellos contestaron: "No". Entonces él les dijo: "Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces". Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.

Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: "Es el Señor". Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar". Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: "Vengan a almorzar". Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: '¿Quién eres?', porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.

Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.



jueves, 8 de abril de 2021

Lectura08/04/2021

 Jueves de la octava de Pascua

  Primera Lectura

  Hch 3, 11-26  

Como el paralítico curado por Pedro y Juan no se les despegaba, todo el pueblo, asombrado, corrió hacia ellos al pórtico de Salomón. Al ver a la muchedumbre, Pedro les dirigió la palabra:

"Israelitas: ¿Por qué les causa admiración esto y por qué nos miran de ese modo, como si por nuestro poder o nuestra virtud hubiéramos hecho andar a este hombre? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, a quien ustedes entregaron a Pilato, y a quien rechazaron en su presencia, cuando él ya había decidido ponerlo en libertad.

Rechazaron al santo, al justo, y pidieron el indulto de un asesino; han dado muerte al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y de ello nosotros somos testigos. El nombre de Jesús y la fe en él es lo que ha robustecido los miembros de este hombre al que están viendo y todos conocen. Esta fe es la que le ha restituido completamente la salud, como pueden observar.

Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes han obrado por ignorancia, de la misma manera que sus jefes; pero Dios cumplió así lo que había predicho por boca de los profetas: que su Mesías tenía que padecer.

Por lo tanto, arrepiéntanse y conviértanse, 

para que se les perdonen sus pecados y el Señor les mande el tiempo de la consolación y les envíe de nuevo a Jesús, el Mesías que les estaba destinado; aunque él tiene que quedarse en el cielo hasta la restauración universal, de la que habló Dios por boca de su profeta desde muy antiguo.

En efecto, Moisés dijo: El Señor Dios hará surgir de entre sus hermanos un profeta como yo. Escuchen todo cuanto les diga; quien no escuche al profeta, será expulsado del pueblo. Todos los profetas, a partir de Samuel, anunciaron igualmente estos días.

Ustedes son herederos de los profetas y beneficiarios de la alianza que Dios hizo con sus padres, cuando le dijo a Abraham: Tu descendencia será fuente de bendición para toda la humanidad. Para ustedes, en primer lugar, ha resucitado Dios a su siervo y lo ha enviado para bendecirlos y ayudarlos a que cada uno se aparte de sus iniquidades''. 


Salmo Responsorial

  Salmo 8, 2a y 5. 6-7. 8-9  


R. (2ab) ¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Aleluya. 

¡Qué admirable es, Señor y Dios nuestro, 

tu poder en toda la tierra! 

¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes, 

ese pobre ser humano, para que de él te preocupes? 

R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Aleluya. 

Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles, 

lo coronaste de gloria y dignidad, 

le diste el mando sobre las obras de tus manos, 

y todo lo sometiste bajo sus pies. 

R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Aleluya. 

Pusiste a su servicio los rebaños y las manadas, 

todos los animales salvajes, 

las aves del cielo y los peces del mar, 

que recorren los caminos de las aguas. 

R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Aleluya. 


Aclamación antes del Evangelio

  Sal 117, 24  


R. Aleluya, aleluya. 

Éste es el día del triunfo del Señor, 

día de júbilo y de gozo. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Lc 24, 35-48  

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: "No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona, tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo". Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: "¿Tienen aquí algo de comer?" Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: "Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos".

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: "Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto".



Lectura23/03/2026

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