domingo, 31 de enero de 2021

Lectura31/01/2021

 IV Domingo Ordinario

  Primera Lectura

  Dt 18, 15-20  


En aquellos días, habló Moisés al pueblo, diciendo: "El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A él lo escucharán. Eso es lo que pidieron al Señor, su Dios, cuando estaban reunidos en el monte Horeb: 'No queremos volver a oír la voz del Señor nuestro Dios, ni volver a ver otra vez ese gran fuego; pues no queremos morir'.

El Señor me respondió: 'Está bien lo que han dicho. Yo haré surgir en medio de sus hermanos un profeta como tú. Pondré mis palabras en su boca y él dirá lo que le mande yo. A quien no escuche las palabras que él pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Pero el profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de otros dioses, será reo de muerte' ". 

Salmo Responsorial

  94, 1-2. 6-7. 8-9  


R. (8) Señor, que no seamos sordos a tu voz. 

Vengan, lancemos vivas al Señor, 

aclamemos al Dios que nos salva. 

Acerquémonos a él, llenos de júbilo, 

y démosle gracias. R. 

R. (8) Señor, que no seamos sordos a tu voz. 

Vengan, y puestos de rodillas, 

adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, 

pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; 

él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. R.  

R. (8) Señor, que no seamos sordos a tu voz. 

Hagámosle casa al Señor, que nos dice: 

"No endurezcan su corazón, 

como el día de la rebelión en el desierto, 

cuando sus padres dudaron de mí, 

aunque habían visto mis obras". R.  

R. (8) Señor, que no seamos sordos a tu voz. 


Segunda Lectura

  1 Cor 7, 32-35  


Hermanos: Yo quisiera que ustedes vivieran sin preocupaciones. El hombre soltero se preocupa de las cosas del Señor y de cómo agradarle; en cambio, el hombre casado se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradarle a su esposa, y por eso tiene dividido el corazón. En la misma forma, la mujer que ya no tiene marido y la soltera se preocupan de las cosas del Señor y se pueden dedicar a él en cuerpo y alma. Por el contrario, la mujer casada se preocupa de las cosas de esta vida y de cómo agradarle a su esposo.

Les digo todo esto para bien de ustedes. Se lo digo, no para ponerles una trampa, sino para que puedan vivir constantemente y sin distracciones en presencia del Señor, tal como conviene. 


Aclamación antes del Evangelio

  Mt 4, 16  


R. Aleluya, aleluya. 

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. 

Sobre los que vivían en tierra de sombras 

una luz resplandeció. 

R. Aleluya.

Evangelio

  Mc 1, 21-28  

En aquel tiempo, se hallaba Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: "¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Jesús le ordenó: "¡Cállate y sal de él!" El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen". Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.




sábado, 30 de enero de 2021

Lectura30/01/2021

 Sábado de la III semana del Tiempo ordinario

  Primera Lectura

  Heb 11, 1-2, 8-19  

Hermanos: La fe es la forma de poseer, ya desde ahora, lo que se espera, y de conocer las realidades que no se ven. Por ella, fueron alabados nuestros mayores.

Por su fe, Abraham, obediente al llamado de Dios, y sin saber a dónde iba, partió hacia la tierra que habría de recibir como herencia. Por la fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, en tiendas de campaña, como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, después de él. Porque ellos esperaban la ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Por su fe, Sara, aun siendo estéril y a pesar de su avanzada edad, pudo concebir un hijo, porque creyó que Dios habría de ser fiel a la promesa; y así, de un solo hombre, ya anciano, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como las arenas del mar.

Todos ellos murieron firmes en la fe. No alcanzaron los bienes prometidos, pero los vieron y los saludaron con gozo desde lejos. Ellos reconocieron que eran extraños y peregrinos en la tierra. Quienes hablan así, dan a entender claramente que van en busca de una patria; pues si hubieran añorado la patria de donde habían salido, 

habrían estado a tiempo de volver a ella todavía. Pero ellos ansiaban una patria mejor: la del cielo. Por eso Dios no se avergüenza de ser llamado su Dios, pues les tenía preparada una ciudad.

Por su fe, Abraham, cuando Dios le puso una prueba, se dispuso a sacrificar a Isaac, su hijo único, garantía de la promesa, porque Dios le había dicho: De Isaac nacerá la descendencia que ha de llevar tu nombre. Abraham pensaba, en efecto, que Dios tiene poder hasta para resucitar a los muertos; por eso le fue devuelto Isaac, que se convirtió así en un símbolo profético. 


Salmo Responsorial

  Lucas 1, 69-70. 71-71. 73-75  

R. (cf 68) Bendito sea el Señor, Dios de Israel. 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, 

porque ha visitado y redimido a su pueblo, 

y ha hecho surgir a favor nuestro 

un poderoso salvador en la casa David, su ciervo. 

Así lo había anunciado desde antiguo, 

por boca de sus santos profetas. 

R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel. 

Anunció que nos salvaría de nuestros enemigos 

y de las manos de todos los que nos aborrecen; 

para mostrar su misericordia a nuestros padres 

y acordarse de su santa alianza. 

R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel. 

El Señor juró a nuestro padre Abrahám 

que nos libraría del poder de nuestro enemigos, 

para que pudiéramos servirlo sin temor, 

con santidad y justicia, 

todos los días de nuestra vida. 


R. Bendito sea el Señor, Dios de Israel. 

Aclamación antes del Evangelio

  Jn 3, 16  

R. Aleluya, aleluya. 

Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, 

para que todo el que crea en él tenga vida eterna. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Mc 4, 35-41  

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: "Vamos a la otra orilla del lago". Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: "Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?" Él se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: "¡Cállate, enmudece!" Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: "¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?" Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: "¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?"



viernes, 29 de enero de 2021

Lectura29/01/2021

 Viernes de la III semana del tiempo ordinario
  
Primera Lectura
Heb 10, 32-39 
 

Hermanos: Recuerden aquellos primeros días en que, recién iluminados por el bautismo, tuvieron ustedes que afrontar duros y dolorosos combates. Unas veces fueron expuestos públicamente a los insultos y tormentos. Otras, compartieron los sufrimientos de los hermanos que eran maltratados, se compadecieron de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus propios bienes, sabiendo ustedes que están en posesión de otros, mejores y perdurables.

Por lo tanto, no pierdan la confianza, pues la recompensa es grande. Lo que ahora necesitan es la perseverancia, para que, cumpliendo la voluntad de Dios, alcancen lo prometido.
Atiendan a lo que dice la Escritura: Pronto, muy pronto, el que ha de venir vendrá y no tardará; y mi justo, si permanece fiel, vivirá; pero si desconfía, dejará de agradarme. Ahora bien, nosotros no somos de los que desconfían y perecen, sino hombres de fe, destinados a salvarnos. 

Salmo Responsorial
36, 3-4. 5-6. 23-24. 39-40  

R. (39a) La salvación de justo es el Señor. 

Pon tu esperanza en Dios, practica el bien 
y vivirás tranquilo en esta tierra. 
Busca en él tu alegría 
y te dará el Señor cuanto deseas. 
R. La salvación de justo es el Señor. 
Pon tu vida en las manos del Señor, 
en él confía 
y hará que tu virtud y tus derechos 
brillen igual que el sol de mediodía. 
R. La salvación de justo es el Señor. 
Porque aprueba el camino de los justos, 
asegura el Señor todos sus pasos; 
no quedarán por tierra cuando caigan, 
porque el Señor los tiene de su mano. 
R. La salvación de justo es el Señor. 
La salvación del justo es el Señor; 
en la tribulación él es su amparo. 
A quien en él confía, Dios la salva, 
de los hombres malvados. 
R. La salvación de justo es el Señor. 

Aclamación antes del Evangelio
  Cfr Mt 11, 25  

R. Aleluya, aleluya. 
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, 
porque has revelado los misterios del Reino 
a la gente sencilla. 
R. Aleluya. 

Evangelio
 Mc 4, 26-34  

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha".

Les dijo también: "¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra".

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.


jueves, 28 de enero de 2021

Lectura 28/01/2021

 Memoria de Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

  Primera Lectura

  Heb 10, 19-25  

Hermanos: En virtud de la sangre de Jesucristo, tenemos la seguridad de poder entrar en el santuario, porque él nos abrió un camino nuevo y viviente a través del velo, que es su propio cuerpo. Asimismo, en Cristo tenemos un sacerdote incomparable al frente de la casa de Dios.

Acerquémonos, pues, con sinceridad de corazón, con una fe total, limpia la conciencia de toda mancha y purificado el cuerpo por el agua saludable. Mantengámonos inconmovibles en la profesión de nuestra esperanza, porque el que nos hizo las promesas es fiel a su palabra. Estimulémonos mutuamente con el ejemplo al ejercicio de la caridad y las buenas obras.

No abandonemos, como suelen hacerlo algunos, la costumbre de asistir a nuestras asambleas; al contrario, animémonos los unos a los otros, tanto más, cuanto que vemos que el día del Señor se acerca. 

Salmo Responsorial

  23, 1-2. 3-4ab. 5-6  

R. (cf  6) Busquemos a Dios, nuestro Señor. 

Del Señor es la tierra y lo que ella tiene, 

el orbe todo y los que en él habitan, 

pues él lo edificó sobre los mares, 

él fue quien lo asentó sobre los ríos. R. 

R. Busquemos a Dios, nuestro Señor. 

¿Quién subirá hasta el monte del Señor? 

¿Quién podrá entrar en su recinto santo? 

El de corazón limpio y manos puras 

y que no jura en falso. R. 

R. Busquemos a Dios, nuestro Señor. 

Ese obtendrá la bendición de  Dios, 

y Dios, su salvador, le hará justicia. 

Esta es la clase de hombres que te buscan 

y vienen ante ti, Dios de Jacob. R. 

R. Busquemos a Dios, nuestro Señor. 

Aclamación antes del Evangelio

  Salmo 118, 105  

R. Aleluya, aleluya. 

Tus palabras, Señor, son una antorcha para mis pasos 

y una luz en mi sendero. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Mc 4, 21-25  

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga".

Siguió hablándoles y les dijo: "Pongan atención a lo que están oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará".



miércoles, 27 de enero de 2021

Lectura27/01/2021

 Miércoles de la III Semana del Tiempo ordinario

Primera Lectura

  Heb 10, 11-18  

Hermanos: En la antigua alianza los sacerdotes ofrecían en el templo, diariamente y de pie, los mismos sacrificios, que no podían perdonar los pecados. Cristo, en cambio, ofreció un solo sacrificio por los pecados y se sentó para siempre a la derecha de Dios; no le queda sino aguardar a que sus enemigos sean puestos bajo sus pies. Así, con una sola ofrenda, hizo perfectos para siempre a los que ha santificado.

Lo mismo atestigua el Espíritu Santo, que dice en un pasaje de la Escritura: La alianza que yo estableceré con ellos, cuando lleguen esos días, palabra del Señor, es ésta: Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Y prosigue después: Yo les perdonaré sus culpas y olvidaré para siempre sus pecados. Ahora bien, cuando los pecados han sido perdonados, ya no hacen falta más ofrendas por ellos. 

Salmo Reponsorial

  109, 1. 2. 3. 4  

R. (4bc) Tú eres sacerdote para siempre. 

Esta ha dicho el Señor a mi Señor: 

"Siéntate a mi derecha; 

yo haré de tus contrarios el estrado 

donde pongas los pies". 


R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Extenderá el Señor desde Sión 

tu cetro poderoso
y tú dominarás al enemigo. R. 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Es tuyo el señorio; 

el día en que naciste, 

en los montes sagrados, 

te consagró el Señor antes del alba. R. 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Juró el Señor y no ha de retractarse: 

"Tú eres sacerdote  para siempre, 

como Melquisedec". R. 

R. Tú eres sacerdote para siempre.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya. 

La semilla es la palabra de Dios y el sembrador es Cristo; 

todo aquel que lo encuentra vivirá para siempre. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Mc 4, 1-20  

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

"Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno". Y añadió Jesús: "El que tenga oídos para oír, que oiga".

Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: "A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se arrepientan y sean perdonados".

Y les dijo a continuación: "Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? 'El sembrador' siembra la palabra.

'Los granos de la vereda' son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

'Los que reciben la semilla en terreno pedregoso', son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

'Los que reciben la semilla entre espinas' son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, 'los que reciben la semilla en tierra buena' son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno".



martes, 26 de enero de 2021

Lectura26/01/2021

 Memoria de Santos Timoteo y Tito, obispos

 
Primera Lectura
  2 Tm 1, 1-8 


Pablo, apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, conforme a la promesa de vida que hay en Cristo Jesús, a Timoteo, hijo querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Cuando de noche y de día te recuerdo en mis oraciones, le doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura, como lo aprendí de mis antepasados.

No puedo olvidar tus lágrimas al despedirnos y anhelo volver a verte para llenarme de alegría, pues recuerdo tu fe sincera, esa fe que tuvieron tu abuela Loida y tu madre Eunice, y que estoy seguro que también tienes tú.

Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que recibiste cuando te impuse las manos. Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación. No te avergüences, pues, de dar testimonio de nuestro Señor, ni te avergüences de mí, que estoy preso por su causa. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos por la predicación del Evangelio, sostenido por la fuerza de Dios.

Salmo Responsorial
  95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 10 


R. (3) Cantemos la grandeza del Señor.
Cantemos al Señor un canto nuevo,
que le cante al Señor toda la tierra;
cantemos al Seño y bendigámoslo.
R. Cantemos la grandeza del Señor.
Proclamemos su amor días tras día,
su grandeza anunciemos a los pueblos;
de nación en nación, sus maravillas.
R. Cantemos la grandeza del Señor.
Alaben al Señor, pueblo de orbe,
reconozcan su gloria y su poder
y tribútenle honores a su nombre.
R. Cantemos la grandeza del Señor.
"Reina el Señor", digamos a los pueblos.
el afianzó con su poder el orbe.
Gobierna a las naciones con justicia.
R. Cantemos la grandeza del Señor.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio
  Mc 3, 31-35 


En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: "Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan".
Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: "Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".



lunes, 25 de enero de 2021

Lectura25/01/2021

 Fiesta de la Conversión de San Pablo, Apóstol
  Primera Lectura
  Hch 22, 3-16  

En aquellos días, Pablo dijo al pueblo: "Yo soy judío, nací en Tarso de Cilicia, pero me crié aquí, en Jerusalén; fui alumno de Gamaliel y aprendí a observar en todo su rigor la ley de nuestros padres y estaba tan lleno de celo por las cosas de Dios, como lo están ustedes ahora.

Perseguí a muerte al camino cristiano, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y mujeres, como pueden atestiguarlo el sumo sacerdote y todo el consejo de los ancianos. Ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco y me dirigí hacia allá en busca de creyentes para traerlos presos a Jerusalén y castigarlos.

Pero en el camino, cerca ya de Damasco, a eso del mediodía, de repente me envolvió una gran luz venida del cielo; caí por tierra y oí una voz que me decía: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?' Yo le respondí: 'Señor, ¿quién eres tú?' Él me contestó: 'Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues'. Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Entonces yo le dije: '¿Qué debo hacer, Señor?' El Señor me respondió: 'Levántate y vete a Damasco; allá te dirán todo lo que tienes que hacer'. Como yo no podía ver, cegado por el 
resplandor de aquella luz, mis compañeros me llevaron de la mano hasta Damasco.

Allí, un hombre llamado Ananías, varón piadoso y observante de la ley, muy respetado por todos los judíos que vivían en Damasco, fue a verme, se me acercó y me dijo: 'Saulo, hermano, recobra la vista'. Inmediatamente recobré la vista y pude verlo. Él me dijo: 'El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conocieras su voluntad, vieras al Justo y escucharas sus palabras, porque deberás atestiguar ante todos los hombres lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo, reconoce que Jesús es el Señor y queda limpio de tus pecados'
 
Salmo Responsorial
  116, 1bc. 2 

R. (Mc 16, 15) Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio. 

Que alaben al Señor todas las naciones, 
que lo aclamen todos los pueblos. 
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio. 
Porque grande es su amor hacia nosotros 
y su fidelidad dura por siempre. 
R. Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio. 

Aclamación antes del Evangelio
  Cfr Jn 15, 16  

R. Aleluya, aleluya. 
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor, 
para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca. 
R. Aleluya. 

Evangelio
Mc 16, 15-18

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: Arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos".



domingo, 24 de enero de 2021

Lectura 24/01/2021

 III Domingo Ordinario
  Primera Lectura
  Jon 3, 1-5. 10  

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: "Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar ahí el mensaje que te voy a indicar".
Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla. Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: "Dentro de cuarenta días Nínive será destruida".
Los ninivitas creyeron en Dios, ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles. 

Salmo Responsorial
  24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 

R. (4a) Descúbrenos, Señor, tus caminos. 

Descúbrenos, Señor, tus caminos, 
guíanos con la verdad de su doctrina. 
Tú eres nuestro Dios y salvador 
y tenemos en ti nuestra esperanza. R.  
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos. 
Acuérdate, Señor, que son eternos 
tu amor y tu ternura. 
Según ese amor y esa ternura, 
acuérdate de nosotros. R. 
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos. 
Porque el Señor es recto y bondadoso, 
indica a los pecadores el sendero, 
guía por la senda recta a los humildes 
y descubre a los pobres sus caminos. R.  
R. Descúbrenos, Señor, tus caminos. 

Segunda Lectura
  1 Cor 7, 29-31  

Hermanos: Les quiero decir una cosa: la vida es corta. Por tanto, conviene que los casados vivan como si no lo estuvieran; los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no compraran; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran de él; porque este mundo que vemos es pasajero. 

Aclamación antes del Evangelio
  Mc 1, 15  

R. Aleluya, aleluya. 
El Reino de Dios ya está cerca, dice el Señor. 
arrepiéntanse y crean en el Evangelio. 
R. Aleluya. 

Evangelio
  Mc 1, 14-20  

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio".
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.


viernes, 22 de enero de 2021

Lectura23/01/2021

 Sábado de la II semana del Tiempo ordinario
  
Primera Lectura
  Heb 9, 2-3, 11-14  

Hermanos: En la antigua alianza, el santuario estaba dispuesto de tal manera, que en una primera tienda, llamada el "lugar santo", se hallaban el candelabro y la mesa con los panes sagrados; separada por un velo, había una segunda tienda, llamada el "lugar santísimo".
Al "lugar santo" entraban los sacerdotes todos los días para celebrar el culto; pero al "lugar santísimo" entraba una vez al año el sumo sacerdote, él solo, llevando consigo sangre de animales para ofrecerla en expiación por sus propios pecados y por los del pueblo.
Ahora bien, cuando Cristo se presentó como sumo sacerdote que nos obtiene los bienes definitivos, penetró una sola vez y para siempre en el "lugar santísimo", a través de una tienda, que no estaba hecha por mano de hombre, ni pertenecía a esta creación. No llevó consigo sangre de animales, sino su propia sangre, con la cual nos obtuvo una redención eterna.
Porque si la sangre de los machos cabríos y de los becerros y las cenizas de una ternera, cuando se esparcían sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior, ¡cuánto más la sangre de Cristo 
purificará nuestra conciencia de todo pecado, a fin de que demos culto al Dios vivo, ya que a impulsos del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo como sacrificio inmaculado a Dios, y así podrá purificar nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, para servir al Dios vivo! 

Salmo Responsorial
  46, 2-3. 6-7. 8-9  

R. (6) Entre voces de júbilo; Dios asciende a su trono

Aplaudan, pueblos todos; 
aclamen al Señor, de gozo llenos, 
que el Señor, el Altísimo, es terrible 
y de toda la tierra, rey supremo. 
R. Entre voces de júbilo; Dios asciende a su trono. 
Entre voces de júbilo y trompetas, 
Dios, el Señor, asciende hasta su trono. 
Cantemos en honor de nuestro Dios, 
al rey honremos y cantemos todos. 
R. Entre voces de júbilo; Dios asciende a su trono. 
Porque Dios es el rey del universo, 
cantemos el mejor de nuestros cantos. 
Reina Dios sobre todas las naciones 
desde su trono santo. 
R. Entre voces de júbilo; Dios asciende a su trono. 

Aclamación antes del Evangelio
  Cfr Hechos 16, 14  

R. Aleluya, aleluya. 
Abre, Señor, nuestros corazones, 
para que aceptemos las palabras de tu Hijo. 
R. Aleluya. 

Evangelio
  Mc 3, 20-21 
 

En aquel tiempo, Jesús entró en una casa con sus discípulos y acudió tanta gente, que no los dejaban ni comer. Al enterarse sus parientes, fueron a buscarlo, pues decían que se había vuelto loco.



Lectura 22/01/2021

 Día de oración por la protección legal de los niños no nacidos 

Primera Lectura
Heb 8, 6-13 
 

Hermanos: Jesucristo, nuestro sumo sacerdote, ha obtenido un ministerio tanto más excelente, cuanto que él es el mediador de una mejor alianza, fundada en mejores promesas. Si aquella primera alianza hubiera sido perfecta, no habría habido lugar para una segunda. Pero de hecho, Dios la encuentra imperfecta, cuando reprendiendo a los israelitas, les dice:
Se acerca el tiempo en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá una alianza nueva, dice el Señor. No será como la alianza que hice con los padres de ustedes cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto, porque ellos rompieron mi alianza y yo tuve que hacer un escarmiento con ellos. Ésta es la alianza nueva que voy a hacer con la casa de Israel: Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya nadie tendrá que instruir a su prójimo ni a su hermano, diciéndole: "Conoce al Señor", porque todos me van a conocer, desde el más pequeño hasta el mayor de todos, cuando yo les perdone sus culpas y olvide para siempre sus pecados.
Conforme a esto, al hablar de una alianza 
nueva, Dios declara anticuada la primera, y lo que es anticuado y envejecido está próximo a la desaparición. 

Salmo Responsorial
  84, 8 y 10. 11-12. 13-14  

R. (11a) Muéstranos, Señor, tu misericordia. 

Muéstranos, Señor, tu misericordia, 
y danos tu salvación. 
Está ya cerca nuestra salvación 
y la gloria del Señor habitará en la tierra. 
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia. 
La misericordia y la verdad se encontraron, 
la justicia y la paz se besaron, 
la fidelidad brotó en la tierra, 
y la justicia vino del cielo. 
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia. 
Cuando el Señor nos muestre su bondad, 
nuestra tierra producirá su fruto. 
La justicia le abrirá camino al Señor 
e irá siguiendo sus pisadas. 

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia. 
Aclamación antes del Evangelio
  2 Cor 5, 19  

R. Aleluya, aleluya. 
Dios reconcilió consigo al mundo, por medio de Cristo, 
y nos ha encomendado a nosotros 
el mensaje de la reconciliación. 
R. Aleluya. 

Evangelio
  Mc 3, 13-19  

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que él quiso, y ellos lo siguieron. Constituyó a doce para que se quedaran con él, para mandarlos a predicar y para que tuvieran el poder de expulsar a los demonios.
Constituyó entonces a los Doce: a Simón, al cual le impuso el nombre de Pedro; después, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, a quienes dio el nombre de Boanergues, es decir "hijos del trueno"; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y a Judas Iscariote, que después lo traicionó.



jueves, 21 de enero de 2021

Lectura21/01/2021

 Memoria de Santa Ines, virgen y mártir

  Primera Lectura

  Heb 7, 23-8, 6  


Hermanos: Durante la antigua alianza hubo muchos sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer en su oficio. En cambio, Jesucristo tiene un sacerdocio eterno, porque él permanece para siempre. De ahí que sea capaz de salvar, para siempre, a los que por su medio se acercan a Dios, ya que vive eternamente para interceder por nosotros.

Ciertamente que un sumo sacerdote como éste era el que nos convenía: santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores y elevado por encima de los cielos; que no necesita, como los demás sacerdotes, ofrecer diariamente víctimas, primero por sus pecados y después por los del pueblo, porque esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque los sacerdotes constituidos por la ley eran hombres llenos de fragilidades; pero el sacerdote constituido por las palabras del juramento posterior a la ley, es el Hijo eternamente perfecto.

Ahora bien, lo más importante de lo que estamos diciendo es que tenemos en Jesús a un sumo sacerdote tan excelente, que está sentado a la derecha del trono de Dios en el cielo, como ministro del santuario y del verdadero tabernáculo, levantado por el Señor y no por los 

hombres.

Todo sumo sacerdote es nombrado para que ofrezca dones y sacrificios; por eso era también indispensable que él tuviera algo que ofrecer. Si él se hubiera quedado en la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo ya quienes ofrecieran los dones prescritos por la ley. Pero éstos son ministros de un culto que es figura y sombra del culto celestial, según lo reveló Dios a Moisés, cuando le mandó que construyera el tabernáculo: Mira, le dijo, lo harás todo según el modelo que te mostré en el monte. En cambio, el ministerio de Cristo es tanto más excelente, cuanto que él es el mediador de una mejor alianza, fundada en mejores promesas. 

Salmo Responsorial

  39, 7-8a. 8b-9. 10. 17  

R. (8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 


Sacrificios y ofrendas no quisiste, 

abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. 

No exigiste holocaustos por la culpa, 

así que dije: "Aquí estoy ". 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

En tus libros se me ordena hacer tu voluntad. ; 

esto es Señor, lo que deseo 

tu ley en medio de mi corazón. 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

He anunciado tu justicia 

en la gran asamblea; 

no he cerrado mis labios: 

tú lo sabes, Señor. 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

Que se gocen en ti y que se alegren 

Todos los que te buscan. 

Cuantos quieren de ti la salvación 

repiten sin cesar: "¡Qué grande es Dios!" 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 


Aclamación antes del Evangelio

  Cfr 2 Tim 1, 10  

R. Aleluya, aleluya. 

Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte 

y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Mc 3, 7-12  

En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.

Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.

En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: "Tú eres el Hijo de Dios". Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran.



miércoles, 20 de enero de 2021

Lectura/20/01/2021

 Miércoles de la II semana del Tiempo ordinario 

Primera Lectura

  Heb 7, 1-3. 15-17  

Hermanos: Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, salió al encuentro de Abraham, cuando éste volvía de derrotar a los reyes, y lo bendijo. Abraham le dio entonces la décima parte de todo el botín.

El nombre de Melquisedec, significa rey de justicia y el título rey de Salem, significa rey de paz. No se mencionan ni su padre ni su madre, y aparece sin antepasados. Tampoco se encuentra el principio ni el fin de su vida. Es la figura del Hijo de Dios, y como él, permanece sacerdote para siempre.

En efecto, como Melquisedec, Jesucristo ha sido constituido sacerdote, en virtud de su propia vida indestructible y no por la ley, que señalaba que los sacerdotes fueran de la tribu de Leví. La palabra misma de Dios lo atestigua, cuando dice: Tú eres sacerdote para siempre, como Melquisedec. 


Salmo Responsorial

  109, 1. 2. 3. 4  

R. (4bc) Tú eres sacerdote para siempre. 

Esta ha dicho el Señor a mi Señor: 

"Siéntate a mi derecha; 

yo haré de tus contrarios el estrado 

donde pongas los pies". 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Extenderá el Señor desde Sión 

tu cetro poderoso 

y tú dominarás al enemigo. 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Es tuyo el señorío; 

el día en que naciste, 

en los montes sagrados, 

te consagró el Señor antes del alba. 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Juró el Señor y no ha de retractarse: 

"Tú eres sacerdote para siempre, 

como Melquisedec". 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Aclamación antes del Evangelio

  Cfr Mt 4, 23  

R. Aleluya, aleluya. 

Jesús predicaba la Evangelio del Reino 

y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Mc 3, 1-6  

En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: "Levántate y ponte allí en medio".

Después les preguntó: "¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?" Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: "Extiende tu mano". La extendió, y su mano quedó sana.

Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes, para matar a Jesús.


martes, 19 de enero de 2021

Lectura/19/01/2021

 Martes de la II semana del Tiempo ordinario

Primera Lectura

Heb 6, 10-20  

Hermanos: Dios no es injusto para olvidar los trabajos de ustedes y el amor que le han mostrado al servir a sus hermanos en la fe, como lo siguen haciendo hasta hoy. Deseamos, sin embargo, que todos y cada uno de ustedes mantenga hasta el fin el mismo fervor y diligencia, para alcanzar la plenitud de su esperanza. Así, lejos de volverse negligentes, serán ustedes imitadores de aquellos que, por la fe y la paciencia, heredan lo prometido por Dios.

En efecto, cuando Dios hizo la promesa a Abraham, como no había nada superior por lo cual jurar, juró por sí mismo, diciendo: Te colmaré de bendiciones y te daré una descendencia innumerable. Por este motivo, Abraham perseveró en la paciencia y alcanzó lo prometido por Dios. Cuando los hombres juran, lo hacen por alguien superior a ellos, y el juramento pone fin a toda discusión. También Dios, cuando quiso mostrar con plenitud a los herederos de la promesa lo irrevocable de su decisión, se comprometió con un juramento.

Así pues, mediante estos dos actos irrevocables, promesa y juramento, en los cuales Dios no puede mentir, tenemos un consuelo poderoso los que buscamos un refugio en la esperanza de lo prometido. 

Esta esperanza nos mantiene firmes y seguros, porque está anclada en el interior del santuario, ahí donde Jesús entró, precediéndonos, constituido sumo sacerdote, como Melquisedec. 


Salmo Responsorial

  110, 1. 2. 4-5. 9 y 10c  

R. (5b) El Señor se recuerda siempre de su alianza. 

Quiero alabar a Dios, de corazón, 

en las reuniones de los justos. 

Grandiosas son las obras del Señor, 

y para todo fiel, dignos de estudio. 

R. El Señor se recuerda siempre de su alianza. 

Ha hecho inolvidables sus prodigios. 

El Señor es piadoso y es clemente. 

Acordándose siempre de su alianza, 

Él la da de comer al que lo teme 

R. El Señor se recuerda siempre de su alianza

El redimió a su pueblo, 

y estableció su alianza para siempre. 

Dios es santo y terrible 

y su gloria perdura eternamente. 

R. El Señor se recuerda siempre de su alianza. 

Aclamación antes del Evangelio

  Cfr Ef 1, 17-18  

R. Aleluya, aleluya. 

Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo 

ilumine nuestras mentes, 

para que podamos comprender cuál es la esperanza 

que nos da su llamamiento. 

R. Aleluya. 

Evangelio

 Mc 2: 23-28  

Un sábado, Jesús iba caminando entre los sembrados, y sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le preguntaron: "¿Por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?"

Él les respondió: "¿No han leído acaso lo que hizo David una vez que tuvo necesidad y padecían hambre él y sus compañeros? Entró en la casa de Dios, en tiempos del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes sagrados, que sólo podían comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros".

Luego añadió Jesús: "El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado. Y el Hijo del hombre también es dueño del sábado".




lunes, 18 de enero de 2021

Lectura/18/01/2021

 Lunes de la II semana del tiempo ordinario  

Primera Lectura

Heb 5, 1-10  

Hermanos: Todo sumo sacerdote es un hombre escogido entre los hombres y está constituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que él mismo está envuelto en debilidades. Por eso, así como debe ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, debe ofrecerlos también por los suyos propios.

Nadie puede apropiarse ese honor, sino sólo aquel que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera, Cristo no se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le había dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice otro pasaje de la Escritura: Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec.

Precisamente por eso, durante su vida mortal, ofreció oraciones y súplicas, con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección, se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los que lo obedecen y fue proclamado por Dios sumo sacerdote, como Melquisedec. 


Salmo Responsorial 

109, 1. 2. 3. 4  

R. (4bc) Tú eres sacerdote para siempre. 

Esta ha dicho el Señor a mi Señor: 

"Siéntate a mi derecha; 

yo haré de tus contrarios el estrado 

donde pongas los pies". 

R. Tú eres sacerdote para siempre

Extenderá el Señor desde Sión 

tu cetro poderoso 

y tú dominarás al enemigo. 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Es tuyo el señorio; 

el día en que naciste, 

en los montes sagrados, 

te consagró el Señor antes del alba. 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 

Juró el Señor y no ha de retractarse: 

"Tú eres sacerdote para siempre, 

como Melquisedec". 

R. Tú eres sacerdote para siempre. 


Aclamación antes del Evangelio

  Heb 4, 12  

R. Aleluya, aleluya. 

La palabra de Dios es viva y eficaz 

y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Mc 2, 18-22 

En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?"

Jesús les contestó: "¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda, mientras el esposo está con ellos? Mientras está con ellos el esposo, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el esposo les será quitado y entonces sí ayunarán.

Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos".




domingo, 17 de enero de 2021

Lectura/17/01/2021

 Segundo Domingo Ordinario 

Primera Lectura

  1 Sm 3, 3b-10. 19  

En aquellos días, el joven Samuel servía en el templo a las órdenes del sacerdote Elí. Una noche, estando Elí acostado en su habitación y Samuel en la suya, dentro del santuario donde se encontraba el arca de Dios, el Señor llamó a Samuel y éste respondió: "Aquí estoy". Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?" Respondió Elí: "Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte". Samuel se fue a acostar. Volvió el Señor a llamarlo y él se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?" Respondió Elí: "No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte".

Aún no conocía Samuel al Señor, pues la palabra del Señor no le había sido revelada. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel; éste se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo: "Aquí estoy. ¿Para qué me llamaste?"

Entonces comprendió Elí que era el Señor quien llamaba al joven y dijo a Samuel: "Ve a acostarte, y si te llama alguien, responde: 'Habla, Señor; tu siervo te escucha' ". Y Samuel se fue a acostar.

De nuevo el Señor se presentó y lo llamó como antes: "Samuel, Samuel". Éste respondió: "Habla, Señor; tu siervo te escucha".

Samuel creció y el Señor estaba con él. Y todo lo que el Señor le decía, se cumplía. 




Salmo Responsorial

  39, 2 y 4ab. 7-8a. 8b-9. 10  

R. (8a y 9a) Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

Esperé en el Señor con gran confianza; 

él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias. 

El me puso en la boca un canto nuevo, 

un himno a nuestro Dios. 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

Sacrificios y ofrendas no quisiste, 

abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. 

No exigiste holocaustos por la culpa, 

así que dije: "Aquí estoy ". 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

En tus libros se me ordena
hacer tu voluntad;  

esto es Señor, lo que deseo 

tu ley en medio de mi corazón. 

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

He anunciado tu justicia 

en la gran asamblea; 

no he cerrado mis labios: 

tú lo sabes, Señor. R.  

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. 

Segunda Lectura

  1 Cor 6, 13c-15a. 17-20  

Hermanos: El cuerpo no es para fornicar, sino para servir al Señor; y el Señor, para santificar el cuerpo. Dios resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros con su poder.

¿No saben ustedes que sus cuerpos son miembros de Cristo? Y el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él. Huyan, por lo tanto, de la fornicación. Cualquier otro pecado que cometa una persona, queda fuera de su cuerpo; pero el que fornica, peca contra su propio cuerpo.

¿O es que no saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que han recibido de Dios y habita en ustedes? No son ustedes sus propios dueños, porque Dios los ha comprado a un precio muy caro. Glorifiquen, pues, a Dios con el cuerpo. 


Aclamación antes del Evangelio

  Cfr Jn 1, 41. 17  

R. Aleluya, aleluya. 

Hemos encontrado a Cristo, el Mesías. 

La gracia y la verdad nos han llegado por él. 

R. Aleluya. 


Evangelio

  Jn 1, 35-42  

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: "Éste es el Cordero de Dios". Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué buscan?" Ellos le contestaron: "¿Dónde vives, Rabí?" (Rabí significa 'maestro'). Él les dijo: "Vengan a ver".

Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías" (que quiere decir 'el Ungido'). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás" (que significa Pedro, es decir 'roca').



sábado, 16 de enero de 2021

Lectura/16/01/2021

 Sábado de la I semana del Tiempo ordinario

 
Primera Lectura
Heb 4, 12-16 


Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas.
Puesto que Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo, mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado.
Acerquémonos, por lo tanto, con plena confianza, al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.

Salmo Responsorial
  18, 8. 9. 10. 15 


R. (cf Jn 6, 63c) Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta del todo
y reconforta el alma;
inmutables son las palabras del Señor
y hacen sabio al sencillo.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
En los mandamientos del Señor hay rectitud
y alegría para el corazón;
son luz los preceptos del Señor
para alumbrar el camino.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
La voluntad del Señor es santa
Y para siempre estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.
Que te sean gratas las palabras de mi boca,
y los anhelos de mi corazón.
Haz, Señor, que siempre te busque,
pues eres mi refugio y salvación. R.
R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

Aclamación antes del Evangelio
  Lc 4, 18 


R. Aleluya, aleluya.
El Señor me ha enviado
para llevar a los pobres la buena nueva
y proclamar la liberación a los cautivos.
R. Aleluya.

Evangelio
  Mc 2, 13-17 

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: "¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?"
Habiendo oído esto, Jesús les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido para llamar a los justos, sino a los pecadores".





viernes, 15 de enero de 2021

Lectura_15_01_2021

 Viernes de la I semana del tiempo ordinario

Primera Lectura

Heb 4, 1-5. 11  

Hermanos: Mientras está en pie la promesa de entrar en el descanso de Dios, tengamos cuidado, no sea que alguno se quede fuera. Porque a nosotros también se nos ha anunciado este mensaje de salvación, lo mismo que a los israelitas en el desierto; pero a ellos no les sirvió de nada oírlo, porque no lo recibieron con fe. En cambio, nosotros, que hemos creído, ciertamente entraremos en aquel descanso, al que se refería el Señor, cuando dijo: Por eso juré en mi cólera que no entrarían en mi descanso.

Los trabajos de Dios terminaron con la creación del mundo, ya que al hablar del séptimo día, la Escritura dice que Dios descansó de todos sus trabajos el día séptimo; y en el pasaje de que estamos hablando, afirma que no entrarían en su descanso.

Apresurémonos, pues, a entrar en ese descanso; no sea que alguno caiga en la infidelidad, como les sucedió a los israelitas. 

Salmo Responsorial

  77, 3 y 4bc. 6c-7. 8  


R. (cf 7c) No olvidemos las hazañas del Señor.  

Cuanto hemos escuchado y conocemos 

del poder del Señor y de su gloria, 

cuanto nos han narrado nuestros padres, 

nuestras hijos lo oirán de nuestra boca. 

R. No olvidemos las hazañas del Señor. 

Que ellos también lo cuenten a sus hijos 

para que en Dios coloquen su esperanza, 

cumplan los mandamientos del Señor 

y no echen al olvido sus hazañas. 

R. No olvidemos las hazañas del Señor. 

Que no vayan a ser, como sus padres, 

generación rebelde y obstinada, 

inconstante de corazón 

e infiel a Dios, de alma. 

R. No olvidemos las hazañas del Señor. 


Aclamación antes del Evangelio
  Lc 7, 16  


R. Aleluya, aleluya. 

Un gran profeta ha surgido entre nosotros. 

Dios ha visitado a su pueblo. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Mc 2, 1-12  

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados". Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: "¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?"

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: "¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados' o decirle: 'Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados - le dijo al paralítico -: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa".

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: "¡Nunca habíamos visto cosa igual!"

jueves, 14 de enero de 2021

Lectura_14_01_2021

 Jueves de la I semana del tiempo ordinario

Primera Lectura

  Heb 3, 7-14  


Hermanos: Oigamos lo que dice el Espíritu Santo en un salmo: Ojalá escuchen ustedes la voz del Señor, hoy. No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión y el de la prueba en el desierto, cuando sus padres me pusieron a prueba y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras durante cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación y dije: "Es un pueblo de corazón extraviado, que no ha conocido mis caminos". Por eso juré en mi cólera que no entrarían en mi descanso. 

Procuren, hermanos, que ninguno de ustedes tenga un corazón malo, que se aparte del Dios vivo por no creer en él. Más bien anímense mutuamente cada día, mientras dura este "hoy", para que ninguno de ustedes, seducido por el pecado, endurezca su corazón; pues si nos ha sido dado el participar de Cristo, es a condición de que mantengamos hasta el fin nuestra firmeza inicial. 


Salmo Responsorial

  94, 6-7c. 8-9. 10-11   

R. (8) Señor , que no seamos sordos a tu voz.  

Venga, y puestos de rodillas, 

adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, 

pues él es nuestro Dios y nosotros, su 


pueblo; 

él es nostro pastor y nosotros, sus ovejas. R. 

R. Señor , que no seamos sordos a tu voz. 

Hagámosle caso al Señor, que nos dice: " 

No endurezcan su corazón, 

como el día de le rebelión en el desierto; 

cuando sus padres dudaron de mí, 

aunque habian vista mis obras. R. 

R. Señor , que no seamos sordos a tu voz. 

Durante cuarenta años asenti hastío 

de esta generación. Entonces dije: 

'Este es un pueblo de corazón extraviado 

que no ha conocido mis caminos'. 

Por eso juré, lleno de cólera, 

que no entrarían en mi descanso". R. 

R. Señor , que no seamos sordos a tu voz. 


Aclamación antes del Evangelio

  Cfr Mt 4, 23  

R. Aleluya, aleluya. 

Jesús predicaba el Evangelio del Reino 

y curaba toda clase de enfermedades en el pueblo. 

R. Aleluya. 

Evangelio

  Mc 1, 40-45   

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: "Si tú quieres, puedes curarme". Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: "¡Sí quiero: sana!" Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio. 

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: "No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés". 

Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes. 


miércoles, 13 de enero de 2021

Lectura_13_01_2021

 Miércoles de la I semana del tiempo ordinari


 Primera Lectura
  Heb 2, 14-18 


Hermanos: Todos los hijos de una familia tienen la misma sangre; por eso, Jesús quiso ser de nuestra misma sangre, para destruir con su muerte al diablo, que mediante la muerte, dominaba a los hombres, y para liberar a aquellos que, por temor a la muerte, vivían como esclavos toda su vida.
Pues como bien saben ustedes, Jesús no vino a ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham; por eso tuvo que hacerse semejante a sus hermanos en todo, a fin de llegar a ser sumo sacerdote, misericordioso con ellos y fiel en las relaciones que median entre Dios y los hombres, y expiar así los pecados del pueblo. Como él mismo fue probado por medio del sufrimiento, puede ahora ayudar a los que están sometidos a la prueba.

Salmo Responsorial
  104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9  


R. (8a) El Señor nunca olvida sus promesas. 
Aclamen al Señor y denle gracias,
relaten sus prodigios a los pueblos.
Entonen en su honor himnos y cantos,
celebren sus portentos.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Del nombre del Señor enorgullézcanse

y siéntase feliz el que lo busca.
Recurran al Señor y a su poder
y a su presencia acudan.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Descendientes de Abraham, su servidor,
estirpe de Jacob, su predilecto,
escuchen: el Señor es nuestro Dios
y gobiernan la tierra sus decretos.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.
Ni aunque transcurran mil generaciones
se olvidará pactada con Abraham,
del juramento a Isaac, que un día le hiciera.
R. El Señor nunca olvida sus promesas.

Aclamación antes del Evangelio
  Jn 10, 27 

R. Aleluya, aleluya. 
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor;
yo las conozco y ellas me siguen.
R. Aleluya.

Evangelio
Mc 1, 29-39   

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: "Todos te andan buscando". Él les dijo: "Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido". Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios. 

martes, 12 de enero de 2021

Lectura_12_1_2021

 Martes de la I semana del tiempo ordinario

Primera Lectura
  Heb 2, 5-12 


Hermanos: Dios no ha sometido a los ángeles el nuevo orden de la salvación, del cual estamos hablando. Un salmo lo atestigua solemnemente diciendo: ¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes, ese pobre ser humano, para que de él te preocupes? Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad. Todo lo sometiste bajo sus pies.
Al decir aquí la Escritura que Dios le sometió todo, no se hace ninguna excepción. Es verdad que ahora todavía no vemos el universo entero sometido al hombre; pero sí vemos ya al que por un momento Dios hizo inferior a los ángeles, a Jesús, que por haber sufrido la muerte, está coronado de gloria y honor. Así, por la gracia de Dios, la muerte que él sufrió redunda en bien de todos.
En efecto, el creador y Señor de todas las cosas, quiere que todos sus hijos tengan parte en su gloria. Por eso convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento, a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación.
El santificador y los santificados tienen la misma condición humana. Por eso no se avergüenza de llamar hermanos a los hombres, cuando dice: Hablaré de ti a mis

hermanos; en medio de la asamblea te alabaré.

Salmo Responsorial
  8, 2ab y 5. 6-7. 8-9 

R. (cf 7) Diste a tu Hijo el mando sobre las obras tus manos. 

¡Que admirable es Señor y Dios nuestro,
tu poder en toda la tierra!
¿Qué es el hombre, para que de él acuerdes;
ese pobre ser humano, para que de él te preocupes?
R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras tus manos.
Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos
y todo lo sometiste bajo sus pies.
R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras tus manos.
Pusiste a su servicio los rebaños y las manadas,
todos los animales salvajes,
las aves del cielo y los peces del mar,
que recorren los caminos de las aguas.
R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras tus manos.

Aclamación antes del Evangelio
  Cfr 1 Tes 2, 13  


R. Aleluya, aleluya.
Reciban la palabra de Dios, no como palabra humana,
sino como palabra divina, tal como es en realidad.
R. Aleluya.


Evangelio
  Mc 1, 21-28  


En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: "¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Jesús le ordenó: "¡Cállate y sal de él!" El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen". Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea. 

lunes, 11 de enero de 2021

Lectura 11_1_2021

Lunes de la I semana del tiempo ordinario

 


Primera Lectura
  Heb 1, 1-6 


En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por medio del cual hizo el universo.
El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa. Él mismo, después de efectuar la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad de Dios, en las alturas, tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más excelso es el nombre que, como herencia, le corresponde.
Porque, ¿a cuál de los ángeles le dijo Dios: Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy? ¿O de qué ángel dijo Dios: Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo? Además, en otro pasaje, cuando introduce en el mundo a su primogénito, dice: Adórenlo todos los ángeles de Dios.

Salmo Responsorial
  96, 1 y 2b. 6 y 7c. 9  

R. (cf 7c) Angeles de Señor, adórenlo. 

Reina el Señor, alégrese la tierra;
cante de regocijo el mundo entero.
El trono del Señor se asienta
en la justicia y el derecho.
R. Angeles de Señor, adórenlo.

Los cielos pregonan su justicia,
Su inmensa gloria ven todos los pueblos.
Que caigan ante Dios todos los dioses.
R. Angeles de Señor, adórenlo.
Tú, Señor altísimo,
estás muy por encima de la tierra
y mucho más en alto que los dioses. 
R. Angeles de Señor, adórenlo.

Aclamación antes del Evangelio
  Mc 1, 15 


R. Aleluya, aleluya. 
El Reino de Dios ya está cerca, dice el Señor;
arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
R. Aleluya.


Evangelio
  Mc 1, 14-20 


Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: "Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio".
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: "Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres". Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús. 

domingo, 10 de enero de 2021

Lectura_10_1_2021

 Fiesta del Bautismo del Señor

Primera Lectura
Is 55, 1-11

Esto dice el Señor: 
"Todos ustedes, los que tienen sed, vengan por agua; 
y los que no tienen dinero, 
vengan, tomen trigo y coman; 
tomen vino y leche sin pagar. 
¿Por qué gastar el dinero en lo que no es pan 
y el salario, en lo que no alimenta?
Escúchenme atentos y comerán bien, 
saborearán platillos sustanciosos. 
Préstenme atención, vengan a mí, 
escúchenme y vivirán.

Sellaré con ustedes una alianza perpetua, 
cumpliré las promesas que hice a David. 
Como a él lo puse por testigo ante los pueblos, 
como príncipe y soberano de las naciones, 
así tú reunirás a un pueblo desconocido, 
y las naciones que no te conocían acudirán a ti, 
por amor del Señor, tu Dios, 
por el Santo de Israel, que te ha honrado.
Busquen al Señor mientras lo pueden encontrar, 
invóquenlo mientras está cerca; 
que el malvado abandone su camino, 
y el criminal, sus planes; 
que regrese al Señor, y él tendrá piedad; 
a nuestro Dios, que es rico en perdón.
Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, 
sus caminos no son mis caminos. 

Porque así como aventajan los cielos a la tierra, 
así aventajan mis caminos a los de ustedes 
y mis pensamientos a sus pensamientos.
Como bajan del cielo la lluvia y la nieve 
y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, 
de fecundarla y hacerla germinar, 
a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer, 
así será la palabra que sale de mi boca: 
no volverá a mí sin resultado, 
sino que hará mi voluntad 
y cumplirá su misión. 

Salmo Responsorial
Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6
R. (3) Sacarán agua con gozo de la fuente de la salvación

El Señor es mi Dios y salvador, 
con él estoy seguro y nada temo. 
El Señor es mi protección y mi fuerza 
y ha sido mi salvación. 
Sacarán agua con gozo 
de la fuente de salvación. 

R Sacarán agua con gozo de la fuente de la salvación. 

Den gracias al Señor, 
invoquen su nombre, 
cuenten a los pueblos sus hazañas, 
proclamen que su nombre es sublime. 
R Sacarán agua con gozo de la fuente de la salvación. 
Alaben al Señor por sus proezas, 
anúncienlas a toda la tierra. 
Griten jubilosos, habitantes de Sión, 
porque el Dios de Israel 
ha sido grande con ustedes. R.   
R Sacarán agua con gozo de la fuente de la salvación

Segunda Lectura

1 Jn 5, 1-9

Queridos hijos: Todo el que cree que Jesús es el Mesías, ha nacido de Dios. Todo el que ama a un padre, ama también a los hijos de éste. Conocemos que amamos a los hijos de Dios en que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, pues el amor de Dios consiste en que cumplamos sus preceptos. Y sus mandamientos no son pesados, porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y nuestra fe es la que nos ha dado la victoria sobre el mundo. Porque, ¿quién es el que vence al mundo? Sólo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios.

Jesucristo es el que vino por medio del agua y de la sangre; él vino, no sólo con agua, sino con agua y con sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio, porque el Espíritu es la verdad. Así pues, los testigos son tres: el Espíritu, el agua y la sangre. Y los tres están de acuerdo.

Si aceptamos el testimonio de los hombres, el testimonio de Dios vale mucho más y ese testimonio es el que Dios ha dado de su Hijo. 

Evangelio

Mc 1, 7-11

En aquel tiempo, Juan predicaba diciendo: "Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

Por esos días, vino Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Al salir Jesús del agua, vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: "Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias".


sábado, 9 de enero de 2021

Lectura_9_1_2021

 Sábado después de Epifanía

Primera Lectura

  1 Jn 5, 14-21  

Queridos hijos: La confianza que tenemos en Dios consiste en que, si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos escucha. Si estamos seguros de que escucha nuestras peticiones, también lo estamos de poseer ya lo que le pedimos.

Si alguno ve que su hermano comete un pecado de los que no llevan a la muerte, que pida por él y le obtendrá la vida. Esto vale para los que cometen pecados que no llevan a la muerte, porque hay un pecado que sí lleva a la muerte (por ése no digo que se pida). Toda mala acción es pecado, pero hay pecados que no llevan a la muerte.

Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Hijo de Dios lo protege, y no lo toca el demonio. Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo entero yace en poder del demonio. También sabemos que el Hijo de Dios ha venido ya y que nos ha dado inteligencia para conocer al Dios verdadero. Nosotros permanecemos fieles al único verdadero, porque permanecemos en su Hijo Jesucristo. Él es el verdadero Dios y la vida eterna. Hijos míos, no adoren a los ídolos. 

Salmo Responsorial

149, 1-2. 3-4. 5 y 6a y 9b


R. (4a)  El Señor es amigo de su pueblo. 

Entonen al Señor un canto nuevo,
 

en la reunión litúrgica proclámenlo. 

En su creador y rey, en el Señor, 

alégrese Israel, su pueblo santo. 

R. El Señor es amigo de su pueblo.
 

En honor de su nombre, que haya danzas, 

alábenlo con arpa y tamboriles. 

El Señor es amigo de su pueblo 

y otorga la victoria a los humildes. 

R. El Señor es amigo de su pueblo. 

Que se alegren los fieles en el triunfo, 

que inunde el regocijo sus hogares, 

que alaben al Señor con sus palabras, 

porque en esto su pueblo se complace. R. 

R. El Señor es amigo de su pueblo.

Aclamación antes del Evangelio

  Mt 4, 16  

R. Aleluya, aleluya. 

El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció. 

R. Aleluya. 

Evangelio

Jn 3, 22-30  

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea y permaneció allí con ellos, bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salim, porque ahí había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba, pues Juan no había sido encarcelado todavía.

Surgió entonces una disputa entre algunos de los discípulos de Juan y unos judíos, acerca de la purificación. Los discípulos fueron a decirle a Juan: "Mira, maestro, aquel que estaba contigo en la otra orilla del Jordán y del que tú diste testimonio, está ahora bautizando y todos acuden a él".

Contestó Juan: "Nadie puede apropiarse nada, si no le ha sido dado del cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: 'Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él'. En una boda, el que tiene a la novia es el novio; en cambio, el amigo del novio, que lo acompaña y lo oye hablar, se alegra mucho de oír su voz. Así también yo me lleno ahora de alegría. Es necesario que él crezca y que yo venga a menos".

Lectura23/03/2026

Lunes de la V semana de Cuaresma Primera Lectura Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62 En aquel tiempo vivía en Babilonia un hombre llamado Jo...